UN HIPÓCRITA COBARDÓN (Microrrelato)

UN HIPÓCRITA COBARDÓN 

 

Llevaban tres años de noviazgo y estaban cansados ya el uno del otro. Como diría un poeta antiguo: la chispa del amor que un día surgió impetuosa entre ambos se había extinguido. Fue ella la que finalmente, una tarde que sentados a la mesa de un bar céntrico tomaban café decidió afrontar la realidad que estaba viviendo su relación:

—Joaquín, vamos a dejar de vernos. Es una idiotez continuar lo nuestro. Yo he dejado de quererte. Es más, me aburro soberanamente cuando estoy contigo.

El compuso una falsa expresión de sufrimiento.

—Bueno, Macarena, si eso es lo que tú quieres, yo me resignaré. Mi gran deseo de siempre ha sido y es que tú seas feliz.

—Y el mío que no sufras ni me eches de menos.

—Aprenderé a resignarme. No te preocupes. Seré fuerte.

Logró conmoverla.

—Lo siento. Lo siento muchísimo. Lo último que quiero es hacerte daño.

—No importa. No te preocupes. Ya nadie muere de amor.

Prueba de que habían terminado fue que pagaron los cafés a medias. Hasta entonces siempre los había pagado él.

—Fue bonito mientras duro. Adiós, Joaquín.

—Adiós, Macarena. No te olvidaré nunca.

Aquella noche Joaquín celebró con sus amigos el haberse librado de Macarena cogiendo una borrachera salvaje.

 

TOMANDO CAFÉ EN UN BAR (Microrrelatos)

TOMANDO CAFÉ EN UN BAR

         Me hallaba en la barra de un bar tomando café. De pronto una joven que acababa de llegar de la calle se colocó junto a mí. Olía de una forma rara, poco agradable, como dulzona por exponerlo de alguna manera. No, no era a hachís. A otra cosa que identifiqué en cuanto ella, hacía el final de nuestra breve conversación, me sonrió. Cuando se acercó a ella el chico que atendía la barra le ordenó con voz autoritaria:

        —Ponme un vodka con zumo de tomate. Pónmelo fifty, fifty.      

        Mientras él se lo preparaba ella se volvió hacia mí y me dijo:

        —Me llamo Martirio.

        Pensando que era una buscona, aunque vestía ropas largas y negras como los calzoncillos de un grillo, le dije un tanto antipático, para quitármela de encima:

        —¡Qué bien! Pues el nombre que tengo yo, para mí me lo guardo.

        Encogió levemente sus hombros, en un gesto que no supe interpretar, y colocándose de codos encima de la barra esperó a que le sirvieran la bebida que había pedido. Se la sirvieron rápido. Ella bebió un buen trago, hizo un chasqueo con los labios que podía significar aprobación y de nuevo dirigiéndose a mí, me anunció:

        —Soy vampiresa.

        Tomándomelo a cachondeo repliqué:

        —Pues yo soy cobrador del frac.

         Ella esbozó entonces una sonrisa, que calificaré de siniestra, y dijo enseñándome sus colmillos manchados de sangre:

        —Oye, me están entrando unas ganas locas de pegarte un mordisquito en el cuello… y creo que no me las voy a aguantar…

         Aunque odio hacer ejercicio, y muy especialmente por la mañana temprano, escapé de allí corriendo a todo meter. Ya sé que más de uno de esos que van por la vida presumiendo de valientes condenaran, criticaran mi cobarde conducta. Pues bien, permítanme que les diga que amo mi vida y que no me la juego, porque si algo he aprendido desde mi llegada al mundo es que los valientes suelen morir jóvenes y no pienso imitarles.

 

 

 

PERRO OFENDIDO (Microrrelato)

PERRO OFENDIDO

 

A la niña había un perro que la despertaba todas las madrugadas con sus altos y desagradables ladridos. Un día harta de escucharlo le colocó entre las patas una nota escrita por ella que ponía: ¡Cállate que no sabes ladrar! Aquel perro, ofendido, jamás volvió a emitir sonido alguno por su boca.

 

CUIDADO CON LOS GENIOS (Microrrelato)

CUIDADO CON LOS GENIOS (Microrrelato un tanto soez, perdonen)

Arturo Pelas era un tipo más feo que un tiro de mierda. Un día llegó a sus manos una lámpara maravillosa, la frotó y lo primero que le pidió al genio que salió de ella fue:

—Te ordeno y mando que me conviertas de inmediato en un hombre extremadamente hermoso.

El genio, que era un gigantón, de aquí te espero, echó mano de su extraordinaria magia y convirtió a Arturo Pelas en el más apolíneo de todos los varones del mundo. Muy complacido con el milagro que se había realizado en él y cayendo en el deleznable vicio de la codicia, el guapísimo pidió a continuación:

—Te ordeno y mando que ahora mismo me hagas inmensamente rico.

El genio de la lámpara sonrió, le dirigió una mirada de lo más lujuriosa y decidió:

—No te voy a hacer rico, te voy a hacer mi mujer, guaperas.

Arturo Pelas salió corriendo todo lo que daban de sí sus piernas, pero el gigantesco genio lo trincó enseguida y enseguida le demostró cuan devastadora y abrasante era la pasión que le inspiraba.

 

SUTILEZA (Microrrelato)

SUTILEZA 

 

Urbanización de casitas adosadas. Dos vecinos tienen las suya, pegadas la una a la otra. Uno de los vecinos es obeso, bajito y paticorto. El otro vecino es larguirucho, igual de feo y con aspecto de estar mal alimentado y mal dormido. Lo de mal alimentado es culpa de que no gana el dinero suficiente para alimentarse mejor. El gordito gana bastante más dinero y encima es un glotón. El individuo glotón tiene un perro que se pasa la noche entera ladrando y no deja dormir a su flacucho vecino. Los ladridos a su dueño no le molestan por dos razones: porque el can es suyo y porque duerme tan profundamente que ni un cañonazo le alteraría el sueño.

Una mañana el vecino que no tiene chucho y sí tiene el sueño ligero, se presenta en la casa adosada de su vecino el del sueño profundo y chucho ladrador y le advierte:

—Si esta noche el cabrón de tu perro no me deja dormir, mañana, cuando te hayas ido al trabajo yo llevo a ese maldito animal al taxidermista. El que avisa no es traidor.

El así advertido le registra los ojos al quejoso y descubre en el fondo de ellos un brillo de asesino nato que asusta, y no tarda en decir, cagado de miedo:

—Tranquilo, que todo tiene arreglo. Haya paz entre los hombres de buena voluntad.

Y sale corriendo a una tienda a comprarle a su amado perro un collar antiladridos y se lo pone enseguida. Y a partir de ese momento, su can queda convertido en mudo artificial.

Ahora los dos vecinos toman café juntos en el bar y hasta parece que son amigos.

 

AJUSTES (Microrrelato actual)

AJUSTES 

 

—Papá, ¡joder! me has recortado la paguita semanal, de diez euros a cinco. 

—Hijo, como muy bien explica el gobierno, esto no es un recorte sino un ajuste.

—Joder, lo que me faltaba ya, que te hicieras político.

—Tu abuelo solía decir que todo se pega menos la belleza.

—Puedo que eso explique el que nosotros seamos tan feos y pobres.

El padre se dio media vuelta para que su hijo no viese que había comenzado a llorar.

 

“L´AMOUR FOU” (Microrrelato)

“L´AMOUR FOU” 

 

      Él la seguía queriendo locamente. Su mujer se había cansado de él, enamorado de otro, y pedido el divorcio.

      —Compréndelo, estúpido, he dejado de quererte, ¡joder! —le repitió enfurecida por su resistencia.

      —De acuerdo. Pero ten siempre presente que no encontrarás a nadie en el mundo que te quiera tanto como te quiero yo.

      Y terminado de decir esto, el hombre, desesperado, de un disparo en la sien se voló la tapa de los sesos.

        Su mujer se pasó el resto de su vida sufriendo el tormento de no encontrar otro hombre que fuera capaz de quererla hasta el punto de matarse por ella.