ME GUSTA… (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Me gusta ese primer rayo de sol que por la mañana me da en la cara. Me hace cerrar un momento los ojos, sonreír y pensar: ¡Qué hermosa es la vida!
Me gusta salir a la calle y cambiar saludos con la gente conocida. Llegar al semáforo y mirar las caras de los transeúntes que esperan aparezca la luz verde, aunque ellos no me miren a mí. Comprarle un cupón al ciego de la esquina que termina con la cifra de los años que tiene mi amada.
Me gusta llegar a la casa de Mary, que me abra la puerta su madre, cambie unos buenos días conmigo y ella te grite en tono jocoso:
—¡Mary, ha llegado el pesado de tu chico!
Me gusta escuchar tus pasos rápidos descendiendo la escalera, el beso que le das a tu madre, y el ímpetu con que te arrojas a mis brazos, que te cierran contra mi pecho para que tu corazón y el mío se arrullen.
Me gusta caminar contigo hundiendo los pies en la arena de la playa y llegados allí donde no hay nadie, que tú te comas el amor de mi boca y yo comerme la miel de la tuya.
Me gusta recordar que nos seguimos amando igual que aquel primer día en que, con voz temblorosa de emoción nos dijimos, los dos a la vez: ¡Te amo!
—Me gusta… Me gusta estar en el mundo, ¡el lugar más hermoso de cuantos existen en el universo!
Si les ha entretenido un poco este modesto y breve comentario mío, tal vez le guste leer mi libro “MADRE LEÍA NOVELITAS DE AMOR”. Capítulos gratis en este enlace:  https://www.amazon.es/Madre-le%C3%ADa-novelitas-Andr%C3%A9s-Fornells/dp/1549582801

EN EL ARTE UNOS TRIUNFAN Y, OTROS, TODO LO CONTRARIO (MICRORRELATO)

en el arte, unos triunfan y otros no

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Augusto Torrado llevaba años pintando. Sus cuadros los malvendía en el Mercadillo, a los turistas que se los compraban por lo baratos que los daba. Augusto Torrado era el primero en reconocer que sus obras no pasaban de ser mediocres. Les faltaba lo que muy substancialmente diferencia al artista vulgar, del genio, y era que sus cuadros no emocionaban, no admiraban, por carecer de lo primordial, lo que todos los artistas persiguen: despertar sentimientos, emociones, poseer alma.
Augusto consideró la posibilidad de conseguir algo de éxito si, en vez de dedicarse a pintar paisajes, pintaba seres humanos. Y el primer paso que dio fue romper la hucha de sus ahorros y contratar a una modelo muy cotizada.
La modelo era bellísima, se llamaba Rita, como la patrona de los imposibles, e imposible fue para el pintor, nada más conocerla, no enloquecer de pasión por ella.
Un día en que se le subió la lujuria a la cabeza, Augusto le pidió relación amorosa, y se llevó una buena mortificación pues ella lo despreció y humilló llamándole gordo asqueroso, y se negó a posar más para él.
Pasaron algunos años y la veleidosa fortuna convirtió a Augusto en un afamado pintor cuyas obras se hallaban entre las más cotizadas del mundo deformando los objetos que pintaba. Convertía un rostro en un rompecabezas sin terminar, una lechuga en una pista de tenis y transformaciones tan desquiciadas como éstas.El recuerdo de Rita se le había borrado. Multitud de mujeres hermosas lo encontraban genial, bello y, sobre todo, rico y famoso. Fotografiarse con él, y no digamos tener un romance con experiencia de cama incluido, ponía a cualquier hembra ambiciosa en la cresta de la ola.
Rita, viéndole a él triunfante, teniendo ella su hermosura marchita y la pobreza por compañera, se arrepintió amargamente de haberle despreciado. Y para sumarle todavía más amargura, un compositor argentino compuso un tango que retrataba, amarga y siniestramente, su desdichada situación actual.

Sola, fané, descangayada, la vi esta
Madrugada salir de un cabaret; flaca, dos cuartas
De cogote y una percha en el escote bajo la nuez
Chueca, vestida de pebeta, teñida y
Coqueteando su desnudez, parecía un gallo
Desplumao, mostrando al compadrear el cuero
Picoteao, yo que sé cuando no aguanto
Más, al verla así, rajé pa’ no llorar.

 

COMO CONSEGUIR LO QUE NO SE PUEDE COMPRAR (MICRORELATO)

bicicleta

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Un niño muy pobre, llamado Manolillo, sufría de dolorosa envidia cada vez que veía pasar a un niño pijo montado en su preciosa bicicleta cromada y adornada con banderitas de alegres colores.
Un día, Manolillo aprovechó un descuido del niño rico, que soltó su bici un momento para desaguar apuntando al tronco de un árbol, que recibió la ofensa sin quejarse, para coger la bicicleta del que orinaba y descubrir la única manera en la que le era posible disfrutar de las cosas que anhelaba y nunca podría comprar.
Detuvieron al chiquillo marginado, y éste hizo otro descubrimiento muy amargo: Lo que no se podía comprar con dinero se podía adquirir con privación de libertad. El precio le pareció muy alto, pero no supo encontrar ningún otro más barato para disfrutar lo mismo que disfrutaban otros niños más afortunados que él.

A TODO CUANTO ELLA LE PEDÍA, ÉL DECÍA QUE NO (MICRORRELATO)

hoy bueno

 

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells

Ella era una auténtica belleza, en lo físico y en lo mental, y por esa extraña magia que algunas veces embruja a las personas, tuvo el desacierto de enamorarse perdidamente de un perfecto mediocre en todo. Y se le ofreció como pocas mujeres se ofrecen hasta el extremo de humillarse de un modo lamentable.
—Por favor, deja que te coma la boca a besos —suplicó ella.
—Digo a tus besos que no —con cruel firmeza el joven del que ella insensata y desesperadamente se había enamorado.
—Por favor, deja que mis manos acaricien amorosamente tu cuerpo —continuó ella.
—Digo a tus caricias, que no —de nuevo tajante él.
—Por favor, deja que te haga el amor como nunca te lo ha hecho nadie, idolatradamente, con todo mi cuerpo y toda mi alma —trémula de pasión ella.
—Digo que no a que me hagas el amor —ofensivamente despectivo rechazó él.
Ella comenzó a llorar con profunda amargura y entre sollozos, desesperada, le preguntó:
—Pero, ¿por qué no quieres mis besos, mis caricias, mi sexo?
—Por una simple razón, bonita, porque soy un sádico —con alevosa complacencia él.
Y echa esta demoledora explicación él se marchó muy ufano, satisfecho de sí mismo dejándola a ella destrozada anímicamente, derramando mares de lágrimas.
MORALEJA: Los que aman y no son amados son las víctimas inocentes de ese sublime, inexplicable, esclavizante sentimiento llamado amor.

DANIELLE ERA PARISINA (MICRORRELATO)

 

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)
París, ciudad bellísima, dinámica, bulliciosa, aturdidora. Calles, plazas, edificios, jardines llenos de magia. Mezcolanza de razas. Gente con prisa, gente sin prisa ninguna. Restaurantes, bares y sobre todo boutiques. Devoradoras de moda todo el tiempo entrando y saliendo de ellas. Se entrelazan en el aire los más exquisitos perfumes del mundo. Y para los hombres, sobre todo, París es la ciudad que posee más mujeres hermosas, elegantes y seductoras del mundo entero. Las mujeres parisienses, hasta las que no lo son, parecen bellas. Las mujeres parisinas se mueven con una sensualidad especial, irresistible, entre voluptuosas y vampíricas.
Danielle era una de ellas. Alberto la conoció en un café. Alberto se enamoró fulminantemente de ella. A Danielle le bastó el lujurioso movimiento de sus rojos y carnosos labios, fumando un cigarrillo, para conseguirlo.
Danielle necesitaba varios hombres para seguir alimentando su ego de mujer irresistible, sexualmente insaciable. Alberto la quería para él solo, pero con tal de no perderla la estuvo buscando amantes hasta que un día, no pudiendo soportar más tiempo el sufrimiento, la tortura de los celos, envenenó el contenido de una botella de champán  que compartió con Danielle y consiguió dejar de sufrir por ella. Había logrado el gran sueño de los amantes locos:  “mourir d´amour”..

UN FUTURO PADRASTRO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Rosenda tenía treinta y cinco años. Era agraciada de cara, esbelta de cuerpo y, desde hacía casi un lustro, viuda, por haber fallecido su esposo de una enfermedad incurable. Trabajaba de dependienta en una farmacia donde era muy apreciada debido a la diligencia, eficacia y simpatía conque trataba a los dueños y a los clientes. Aparte de esta ocupación laboral, Rosenda cuidaba de sus dos hijos, David de 9 años y Elenita de 7.
En su lugar de trabajo, Rosenda conoció a Alejo, 10 años mayor que ella, divorciado, repartidor farmacéutico de una prestigiosa y poderosa firma internacional. Con el frecuente trato surgió entre ambos un sentimiento que paso del inicial agrado al enamoramiento. Siempre tan atareada ella, comenzaron a salir algunos fines de semana, siempre incluyendo Rosana la presencia de sus hijos. Éstos demostraron desde el primer momento de conocerle rechazo hacia el hombre que su madre deseaba convertir en su padrastro. Alejo, por amor a la madre de ellos dos soportaba con paciencia los continuos desaires que le prodigaban los chiquillos.
Rosenda, exasperada por su conducta reconocía, cuando se hallaba a solas con el hombre que había despertado en ella un segundo amor de pareja:
—Lo siento, cariño. Me entristece profundamente el calvario que te hacen pasar mis hijos. Son tan pequeños para comprender que muerto su padre, al que adoraban, yo pueda traer a su vida a otro hombre.
—Bueno, tengamos calma —recomendaba Alejo, paciente, esperanzado—. Estoy seguro de que cuando me conozcan mejor, terminaran aceptándome y queriéndome. Yo les he cogido cariño y el cariño estoy convencido de que es contagioso.
—Eres una persona maravillosa —elogiaba ella, conmovida y agradecida—. Ojalá estés en lo cierto. Sois tan importantes para mí vosotros tres.
Una mañana Alejo se llevó a los dos pequeños al zoo. Se esforzó en demostrarles su conocimiento sobre los animales allí existentes. Les compró chucherías, pero no logró con todas sus amabilidades despertarles el reconocimiento y el agradecimiento que perseguía.
Llegaron finalmente delante del lugar donde tenían presos a una pareja de elefantes. Uno de ellos, al ver a Alejo, comenzó a dar notables muestras de alegría. El enorme animal se acercó rápido a la barrera de madera que lo separaba de la gente y dirigió su trompa a Alejo que, mientras se la acariciaba le hablaba en un idioma que los grandemente asombrados hijos de Rosana no entendieron.
De pronto, el paquidermo cogió con su tropa a Alejo por la cintura, lo elevó en el aire y lo montó encima de su lomo, muy cerco de su grueso cuello. Inmediatamente se formó una multitud de curiosos. Y acudieron, alarmados, una pareja de vigilantes.
Alejos les advirtió enseguida:
—¡Tranquilos! Manténganse a prudente distancia. Este elefante se llama Shamma, y yo cuidé de él durante más de diez años. Nos conocemos muy bien y nos queremos. Podría atacarles si interpretara que pretenden hacerme daño.
Los empleados quedaron parados, perplejos, observando lo mismo que la multitud que ya se había formado. Alejo le dio una orden y el enorme animal elevó sus patas delanteras manteniéndose vertical apoyado únicamente en sus dos enormes patas traseras, y de este modo paseó por el interior del recinto recibiendo los admirados aplausos del público, y lo mismo de los entusiasmados hijos de Rosana.
Cuando terminó su exhibición Alejo, acariciando a Shamma cuyos ojos lo miraron con un brillo de hondo afecto les prometió venir a menudo a verlo.
—La próxima visita que le hagamos a Shamma podríamos traerle manzanas, que le gustan muchísimo. ¿Qué os parece? —propuso Alejo a los niños.
David y Elenita dieron saltos de entusiasmo y ofrecieron el dinero de sus huchas para comprarlas.
Alejo reía feliz escuchándolos.
A partir de aquel día los pequeños no solo le aceptaron, sino que lo admiraron escuchándole, fascinados, las historias que él les contaba de cuando fue domador de elefantes y trabajó en un circo antes de ser despedido, lo mismo que sus otros compañeros circenses, cuando el empresario que los tenía contratados tuvo que cerrar su circo, arruinado, y vender los animales que tenía a diferentes zoos.
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TE LLAMO PORQUE NO PUEDO DORMIR (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Las cortinas de la ventana corridas a ambos lados permitían penetrase en la estancia un amplio chorro de lechosa luz lunar. El joven sentado a su escritorio dejó de contemplar, fascinado, el esférico, plateado círculo suspendido en el cielo y rodeado de un mar de titilantes estrellas. Sacó del cajón superior del mueble una fotografía. Era de una joven morena con grandes ojos claros, cuyo delicado rostro enmarcaba una abundante melena azabache.
—Perversa —le acusó atormentado por los celos—. Hace cuarenta y ocho horas rompiste conmigo sin importarte hacerme añicos el corazón. Y en este momento yo estoy aquí destrozado, muerto de tristeza y tú a saber con quién estarás ahora regalándole esos besos tuyos que juraste eran exclusivamente míos. ¡Te aborrezco!
El joven se llevó una mano a la boca y ahogó un sollozo de los que tanto dolor suelen causar dentro de un pecho herido de amor.
En aquel momento sonó su teléfono móvil. No reconoció el numero aparecido en la pantallita, pero sí reconoció la voz femenina que le pidió suplicante:
—¿Puedo ir a tu casa? Te llamo porque me es imposible dormir —pidió ella entre temerosa y ansiosa.
Al escuchar estas palabras el joven enamorado experimentó una explosión de júbilo y respondió impulsivo, sincero, loco de felicidad:
—¡Ven rápido, mi amor! También a mí me es imposible dormir.
Él cortó la comunicación. Y le dio un beso a la fotografía entrenándose para los muchos que pensaba darle, dentro de unos pocos minutos, a la fotografiada.

ÉL HABLABA CON ELLA (MICRORRELATO)

TAZAS

(Copyright Andrés Fornells)

El matrimonio que recientemente había alquilado la casa adosado que Jorge López tenía a su derecha, pensaba que éste hombre, de menos de cuarenta años, bien parecido, excesivamente delgado, y probo empleado de banca, estaba mal de la cabeza porque todas las tardes, a la cinco, en la mesa que tenía en su jardincito colocaba dos tazas de té e iba bebiendo alternativamente de una taza y de la otra taza mientras hablaba solo todo el tiempo, mostrando, generalmente, expresiones de profunda tristeza.
—Pobre hombre, tan joven todavía, y lo majareta que está –criticaban los vecinos, viéndole actuar de aquel modo .
Esta pareja de fácil y despiadado juicio,  desconocía que Jorge López había esparcido por el jardín, sobre el parterre donde tenía plantadas rosas rojas,   las cenizas de su joven esposa, a la que amaba con toda su alma, muerta en un accidente de coche, y que mantenía conversaciones con ella convencido de que ella le acompañaba desde el mundo de lo invisible. Con este acto ilusorio Jorge López la mantenía, desesperadamente, con él.

UN GRAN AMOR SECRETO (MICRORELATO)

rosas 1

(Copyright Andrés Fornells)

Alex Fernández, regresado de una ausencia de varios años pasados viviendo en un país extranjero, una mañana decidió acercarse al cementerio donde se encontraba enterrada su madre,. Llegado allí descubrió, sorprendido, que dentro de un jarrón habían colocado en su nicho una docena de rosas rojas. Las tocó apreciando que eran naturales y estaban frescas. Considerando el hecho de que no contaban en aquella ciudad con familiares que hubieran podido traerlas, llegó a la posible conclusión de que alguien las hubiese dejado allí equivocadamente.
Pero encontrándose con lo mismo una semana más tarde: una docena de rosas rojas, decidió entonces preguntarle al respecto a uno de los sepultureros que tiraba de una carretilla con macetas dentro. Y este empleado del camposanto le informó:
—Todos los lunes por la mañana trae flores a ese nicho un hombre.
Alex le dio las gracias y el lunes de la semana siguiente permaneció vigilante, cerca del nicho de su madre, y finalmente vio a un anciano de cuerpo encorvado, vestido con ropas humildes que depositar las flores que lo tenían intrigado.
Se acercó a él y tras presentarse como el hijo mayor de la difunta, le preguntó el por qué le llevaba flores a su madre. El desconocido le respondió conmovedoramente sincero, sosteniéndole con valentía la mirada:
—Amé a esta mujer con toda mi alma, pero ella estaba casada.
Sorprendido el joven, mirándole con enojo, le hizo una pregunta que le resultó muy embarazosa:
—¿Y ella..? ¿Ella, mi madre, le correspondió?
Una nube de profunda tristeza se extendió por el macilento y avejentado rostro del anciano.
—Ella nunca supo que yo la amaba. Nunca me atreví a decírselo. Ella era tan hermosa y yo tan poca cosa…
Se llenaron de lágrimas los ojos del hombre viejo. El hombre joven, conmovido, se compadeció de él y en un gesto generoso que le honraba le dijo:
—Vamos a tomar un café juntos, y me lo cuenta todo, buen hombre.
—Sí, me hará feliz que alguien conozca este amor que he guardado secreto toda mi vida.
Los dos hombres echaron a andar el uno al lado del otro hacia la salida. El sol, alargando sus sombras, las unió. Tenían en común haber amado con toda su alma a la misma persona.

HUBO UN TIEMPO EN QUE LOS HOMBRES FUERON MUY IMPORTANTES (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Hubo un tiempo en que los hombres, trabajando de sol a sol, empleando toda su fuerza, sufriendo, terminando cada jornada doloridos, extenuados y desdichados, alimentaron a sus familias arrancándole a la tierra sus frutos, a las minas sus riquezas y a la mar sus pescados. Muchos de ellos perdieron la salud y la vida procurando que sus mujeres e hijos sobrevivieran.
Ahora que las maquinas cumplen las tareas que esos admirables hombres realizaban con su esfuerzo, sacrificio y salud, es muy fácil quitarles todo mérito, importancia y reconocimiento.
A Gustavito lo criaron su madre y su abuela. Las dos eran viudas. La madre de Gustavito, siendo apenas una adolescente perdió a su padre, pescador, en una tormenta cuando él se hallaba pescando en su modesta barquita para conseguir con que alimentar a su familia. Gustavito, siendo todavía niño, perdió a su padre en una guerra a la que él, hombre pacifico y humanitario no quería ir.
Por su parte los asesinos que organizaron esa guerra, los ganadores sacaron honores y riquezas. Los perdedores huyeron con riquezas también, vivitos y coleando. Todos ellos sin que les atormentase la conciencia por las viudas y huérfanos que habían causado.
Sí, hubo un tiempo en que los hombres fueron muy importantes. Lástima que demasiada gente se ha olvidado de ellos. Pero así es el género humano: olvidadizo, desagradecido e ingrato.
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