UNA PEQUEÑITA HISTORIA DE AMOR (MICRORRELATO)

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UNA PEQUEÑITA HISTORIA DE AMOR
Trabajábamos juntos. Éramos muy jóvenes. Una vez terminada la jornada laboral cogíamos el mismo autobús. Los dos nos gustábamos, pero la timidez nos inmovilizaba la lengua. Un día me decidí y le dije:
—¿Te gustan mis besos?
Ella abrió al máximo, asombrada, sus bonitos ojos.
—¿Te has vuelto loco? Tú no me has besado nunca.
—Te he besado miles de veces… con mis ojos.
—¡Oh, qué granuja eres!
Rio encantada echándose en mis brazos.
Y descubrimos que besarnos con los labios era tan mágico como habíamos imaginado.

ESTRATEGIA (MICRORRELATO)

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ESTRATEGIA
Dos amigas, ambas jóvenes, que han estado realizando compras, separadas, se encuentran en la calle, se detienen un momento y conversan.
—¿Cómo te las arreglas, Eugenia, para que tu matrimonio funcione tan bien?
—Tengo un sistema, Lauri.
—¿Puedo saber qué sistema es?
—Por supuesto. Cada vez que mi marido y yo nos enfadamos por cualquier cosa le digo: “Vamos a quitarnos la ropa, cariño, y lo hablamos en la cama”. Resulta infalible. Me funciona siempre.
—¡Qué astuta fuiste siempre, chica!
—Esto no es astucia, es estrategia, querida.

LA INTEGRIDAD TAMBALEANTE (MICRORRELATO)

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LA INTEGRIDAD TAMBALEANTE
—No se puede hacer nada para detener un huracán, tampoco para detener una tormenta e igualmente no podrás hacer nada para conseguir mi amor —le dijo ella antes de que él la hubiera cubierto con una montaña de flores y de joyas.
Luego de ser cubierta de flores y de joyas, ella consideró que era de sabios cambiar de opinión.
Esto demuestra que los elementos son inalterables, todo lo contrario a la naturaleza humana.

DESCUBRIMIENTO TARDÍO (MICRORRELATO)

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DESCUBRIMIENTO TARDÍO
Al principio lo tuve claro. Eras la encarnación de mi más bello sueño. Y sin embargo te perdí. Te perdí por culpa de mi estupidez. Pretendí apresarte solo con mi deseo. No supe ver que tú no admitirías más cadenas que las sublimes cadenas del amor. Esto lo descubrí más tarde. Demasiado tarde. Lo descubrí cuando ya te había perdido. Cuando te había perdido como perdí de niño el bonito globo que tanta ilusión me hacía, por no haberlo sujetado debidamente. Y al igual que ese globo te convertiste en irrecuperable para mí. Hay que ver, a pesar de haber recibido una gran lección a tan temprana edad, no supe aprovecharla.

EL UNO PARA EL OTRO Y VICEVERSA (MICRORRELATO)

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EL UNO PARA EL OTRO Y VICEVERSA
Al principio, a la llegada del ser humano a este mundo, parece ser que el hombre nació para la mujer, y la mujer nació para el hombre. Pero pasado algún tiempo, luego de multiplicarse notoriamente, ambos y más ambos, descubrieron la concupiscencia (que nadie me pregunte cómo la descubrieron) y la mujer buscó conocer íntimamente a varios hombres, y el hombre buscó conocer íntimamente a varias mujeres.
Después, transcurrida calculo que otra burrada de tiempo más, reconozco honestamente que no sé qué pasó, pero el resultado fue que empezaron hombres y mujeres a no tener nada claro lo que he expuesto anteriormente y se creó algo que no sé si llamarlo confusión o variación de lo que se había organizado al comienzo de las relaciones entre hombres y mujeres.
En fin, sea como sea, la vida es maravillosa y vivirla una aventura que ninguno nos la queremos perder. ¡Viva la vida!

SUSURROS EN EL BOSQUE (MICRORRELATO)

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SUSURROS EN EL BOSQUE
—Tú quieres saber por qué te traje aquí, a este bosque solitario, y te lo voy a decir. Te he traído aquí para que escuches con atención.
—De acuerdo, escucho con toda atención.
Quedaste inmóvil, atenta, y agudizaste los oídos al máximo.
Durante algunos segundos, ambos le abrimos las puertas al silencio. Luego, observándote anhelante, te hablé de nuevo:
—¿Has escuchado como susurra el viento las dulces voces con que los amantes en tiempos lejanos, mucho antes de que tú y yo naciéramos se confesaban aquí su amor?
Sonreíste. Agitaste la cabeza en signo afirmativo, resplandeciente de ilusión tu mirada.
Entonces yo supe que habías nacido para mí porque eras capaz, al igual que yo, de atravesar las prosaicas barreras que nos separan del prodigioso mundo de la fantasía.

EL TODOPODEROSO OBAMA (MICRORRELATO)

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EL TODOPODEROSO OBAMA
Un día del mes pasado me detuve a saludar a mi tío Octavio que estaba hacien-do cola delante de la oficina del INEM. Le pregunté por su mujer y por su hijo.
—Ella se ha ido a buscar caracoles, porque otra cosa no tenemos para comer hoy. Y el niño en el cole pidiendo chicles a sus compañeros, para darle algo que hacer a sus muelas. Como en casa no tenemos nada que llevarnos a la boca.
Su cara mostraba la angustia y la desesperanza de los que llevan mucho tiempo en el paro.
—Está jodida la cosa, ¿eh, Octavio?
—Pero jodida. Ayer mi niño le escribió una carta al presidente Obama.
—¡Vaya! —me sorprendí—. ¿Y qué quería de ese señor?
—¿Qué me dé un trabajo, aunque tengamos que irnos los tres a América, que malditas las ganas; ninguno hablamos inglés.
—¿Crees que te va a contestar ese importante señor?
—Veremos si le llega la carta. Como no tenemos dinero se la envié sin sello.
De pronto mi tío Octavio rompió a llorar.
—¿Lloras por si no llega esa carta a su destino? —quise saber.
—Lloro porque mi hijo confía ya más en un extraño, que en mí.
No encontrando palabras que pudieran consolarle, le entregué mi pañuelo y le dije que se lo quedara, que yo tenía otro. Él lo inauguró sonándose con ruido de trompe-ta verbenera.
Mi tío no recibió respuesta del presidente de los Estados Unidos, y lo mismo les ocurrió a varios millones de peticionarios más, aunque la mayoría de ellos le enviaron sus peticiones con los correspondientes sellos. Y es que Ser Todopoderoso confiable, sólo el del cielo, y no son pocos los que dudan de su existencia.

UNA FRASE FATÍDICA (MICRORRELATO)

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UNA FRASE FATÍDICA
Anacleto ni tenía amigos ni quería tampoco tenerlos. Estaba casado y su esposa lo amaba todo lo que una mujer puede amar a un hombre (que en bastantes casos puede ser mucho y, en otros, menos que nada). Por su parte él la amaba a ella pro-fundamente, muy profundamente. Pero no eran felices. No eran felices porque a Anacleto le era imposible librarse de la desconfianza que le había sembrado su padre con una frase repetida miles de veces:
“No te fíes de ninguna mujer, hijo; llevan dentro de su alma el veneno de la traición. Acuérdate de tu perversa madre y de lo que a mí me hizo: largarse con mi mejor amigo”.
Anacleto, con su precaución de no tener amigos se creía seguro: su mujer no podría marcharse con algún amigo suyo, porque él no tenía ninguno.
Pero Anacleto cometió un grave error: consintió que su cónyuge sí tuviera amigas, y un mal día, para él, su mujer se largó con su amiga Marisa con la que se llevaba tan bien que parecían almas gemelas y cuerpos siameses.
Anacleto vivió una larga temporada amargado, sin alegría ni ganas de vivir. Finalmente, cuando más hundido estaba, conoció a Gustavo, un camionero fornido y cariñosísimo que supo procurarle todo el consuelo que él necesitaba…y más.

MANTENÍAN VIGENTE LA DEMOCRACIA CON MUY POCO GASTO (MICRORRELATO)

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MANTENÍAN VIGENTE LA DEMOCRACIA CON MUY POCO GASTO
En un país cuyo nombre no daré porque me frena la lengua ese antiquísimo dicho: “Por la boca muere el pez”, estaban extraordinariamente bien organizados, quienes lo gobernaban, para mantener muy vigente la Democracia.
Y para que fuera así tenían elecciones cada cuatro años, y siempre salían elegidos gracias al infalible método que perpetuaban ya: Un voto, un bollo. Y gracias a unos cuantos millones de bollos mantenían viva y eternizada la Democracia que les convenía.
Yo estuve en ese país, no voté y me quedé sin bollo. No me importó porque cuando uno se acostumbra a pasar hambre, un solo bollo no se la quita para siempre.

MUCHA MUJER PARA UN SOLO HOMBRE (MICRORRELATO)

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MUCHA MUJER PARA UN SOLO HOMBRE
Ella se llamaba Julia. Había entrado nueva. La asesoría fiscal era muy pequeña. Con ella sumaron tres empleados: Leandra, la directora y dueña con edad para jubilarse, y Genaro, un soltero de cuarenta años.
El primer día de incorporarse a su nuevo trabajo, Julia le dedicó a Genaro varias sonrisas altamente seductoras. El segundo día de trabajo Julia repitió las sonrisas y cuando Genaro, a la salida de la oficina ofreció acompañarla hasta su casa, ella le respondió, que encantada.
Julia se alojaba en un pequeño estudio de veinte metros cuadrados, compuesto de salón, cuarto de baño y dormitorio. En el dormitorio tenía una cama de matrimonio que disfrutaron plenamente los dos tras un ardiente intercambio de besos y caricias iniciado en la salita de estar.
Las inmediatas consecuencias de este apasionado encuentro sexual fue que Genaro se encaprichó perdidamente de Julia y la noche siguiente le pidió repitieran la misma extraordinaria experiencia.
Julia movió la cabeza en un gesto que mostraba desaprobación y le explicó con absoluta claridad:
—Genaro, ya me tuviste ayer. Esa noche le toca a otro. Que descanses.
Genaro se disgustó mucho, pero reconoció que en un mundo igualitario, Julia tenía pleno derecho de entregar su cuerpo a quien le viniese en gana. Fue inteligente y respondió:
—Disfruta todo lo que puedas. Yo haría lo mismo, en tu lugar.
Su templanza y comprensión obtuvo premio, pues Julia se acostó alguna que otra vez más con él.