EL ENAMORAMIENTO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Era sábado por la mañana. Marta y su hijo Rafa estaban en la pequeña cocina de su casa. Acababan de desayunar. La madre fumaba el primer cigarrillo del día. El hijo se distraía viendo como se elevaban las volutas de humo y los anillos que creaba la boca materna, todavía sin pintar.
—Mamá, ¿cómo fue que te enamoraste de papá?
Ella dejó de pensar en lo que iba a preparar para el almuerzo, se puso colorada y respondió a esta inesperada pregunta:
—Mejor no te lo digo. Me da vergüenza.
—Mamá, que tengo ya 30 años. No me escandalizo ya por nada —riéndose él del apuro de ella.
—Me enamoré de tu padre porque él tenía algo que yo necesitaba desesperadamente. Siempre nos enamoramos de la persona que tiene algo que a nosotros nos hace falta. ¿Has entendido?
Al joven se le iluminaron los hermosos ojos negros que poseía, al afirmar:
—Lo he entendido perfectamente, mamá. Gracias.
Había algo que a Rafa, en situación de paro, le hacía muchísima falta y no dudó en intentar conseguirlo:
Enamoró a Julita Perales, la hija heredera de la Banca Perales y, antes de casarse con ella le explicó qué era lo que ella tenía y le faltaba a él. Y que le dijera que precisaba ella que no tuviese ya. Y llegaron a un equitativo acuerdo. Julita Perales de dio su dinero, y Rafa la dio su cariño.
La madre de Rafa, a todo el mundo dijo lo siguiente, después de conocer el éxito financiero de su retoño:
—Crías a un hijo durante treinta años, y tardas todo ese tiempo en descubrir lo listísimo que es. Mi Rafa me ha quitado de trabajar. La suegra de la hereda de un banco importante no queda bien vaya por ahí limpiando casas ajenas, para subsistir.

EL HECHICERO QUE MINTIÓ A SU TRIBU (MICRORRELATO)

hechicero
(Copyright Andrés Fornells)
A toda la tribu el hechicero había hecho creer que él y sus bailes a la luz de la luna agitando calabazas llenas de piedra conseguían que lloviera con frecuencia manteniendo con ello fértil la tierra y caudaloso el río para que pudieran vivir los peces que ellos pescaban y comían.
Para tenerle contento le hacían continuos regalos y la ofrenda que él más valoraba, gozar de las muchachas más jóvenes con el consentimiento de ellas y de sus padres.
El hechicero alcanzada una avanzada edad murió y las lluvias se fueron manifestando con igual regularidad sin necesidad de que él bailara para provocarlas. Entonces to-dos los habitantes del poblado se dieron cuento de que les había estado engañando du-rante muchas décadas el hechicero y para castigarle como consideraban que merecía, convirtieron su tumba en letrina.

DÍA INTERNACIONAL DEL ALZHEIMER >>ELLA NUNCA LE HABRÍA HECHO LO QUE ACABABA DE HACERLE ÉL (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Era de noche. Noche oscura como galería de mina de carbón. Escaso el tráfico existente en aquella carretera secundaria. Estaba lloviendo a mares. Un coche circulaba conducido por un hombre que iba solo. Ráfagas de fuerte viento y agua lo azotaban, lo sacudían. El conductor del mismo llevaba impresa en su enju-ta cara una expresión tétrica, dolorosa, dramática. Aunque los parabrisas funcionaban a la máxima rapidez no conseguían ofrecerle una buena visibilidad debido al diluvio que caía. Aparte de lo anterior aumentaba el peligro que este hombre corría, el hecho de que iba llorando. Su atormentadora mente se había convertido para él en otro potencial enemigo más. Pensamientos suicidas le acosaban cada vez que le venía al encuentro una curva, y le costaba vencer la tentación de no mover el volante en la dirección debida, seguir recto y estrellarse.
El hombre venía de dejar a su madre en una residencia de ancianos. El motivo de haberla llevado allí era que ella padecía Alzheimer. Su razón trataba de convencerle de que había hecho lo adecuado, lo mejor para ella. Allí en la residencia la cuidarían infinitamente mejor de lo que podía hacerlo él. Sin embargo no conseguía acallar su mala conciencia. Tenía acusadoramente presente todos los cuidados recibidos de parte de su madre a lo largo de su vida, los innumerables sacrificios que tuvo que realizar para, sola, sin ayuda de nadie, trabajando denodadamente, hasta la extenuación, someterse a mil sacrificios para criarlo y conseguir incluso darle estudios universitarios.
Y mientras lloraba avergonzado, torturado por los remordimientos, murmuraba entre dientes:
—Ella nunca me habría hecho lo que yo acabo de hacerle.

MIRADAS (MICORRELATO)

MIRADAS
(Copyright Andrés Fornells)
Cuando yo era niño y mantenía pura mi inocencia y mi máxima sensibilidad,  y mi madre me envolvía con sus cálidas miradas, yo conocí esos mági cos silencios llenos de palabras de amor. Y yo le correspondía entonces, mirándola del mismo modo que ella me miraba a mí, con los ojos del alma. Y los dos, por medio de esos silencios, y esas miradas cambiábamos largos discursos amorosos que entraban de lleno dentro de lo sublime.

EL CONSUELO DEL VENCIDO (MICRORRELATO)

EL CONSUELO DEL VENCIDO (2)

(Copyright Andrés Fornells)
Un boxeador perdió en una durísima pelea el título que había logrado después de toda una vida de esfuerzos, sufrimiento y dolor. Los periodistas le dieron la espalda y marcharon a ensalzar a su vencedor, el nuevo campeón. Sus seguidores también le abandonaron para hacer lo mismo, e igual ocurrió con sus aduladores de conveniencia.
Cuando el púgil derrotado salió por fin a la calle, extenuado, abatido y deprimido, allí lo esperaba, para cobijarlo en sus tiernos brazos, para consolarle y demostrarle su incondicional afecto, la persona que en el mundo nunca iba a fallarle: su madre.

 

TREINTA AÑOS (MICRORRELATO)

Antique books on bookshelf
Antique books on bookshelf

(Copyright Andrés Fornells)
Un libro permaneció treinta años en una estantería acumulando polvo y soledad, esperando que alguien lo cogiera y leyera. Por fin alguien lo cogió, limpió con respeto el polvo acumulado, leyó la historia contada en él y la encontró tan hermosa como la había creado su autor todos esos años atrás. Al ver aquel libro limpio, fueron muchos los nuevos lectores que tuvo. A la magnífica obra aquella habían tardado 30 años en hacerle justicia.

POETA (MICRORRELATO)

POETA(Copyright Andrés Fornells)
Un hombre llevaba muchos años persiguiendo una meta que consideraba, cayendo cada vez más hondo en el pozo del desánimo, le sería imposible de alcanzar. Hasta que un bienaventurado día descubrió que la había alcanzado, que ya era un verdadero poeta, pues cada palabra que escribía se convertía en una flor mágica, y la siguiente palabra en una lágrima perfumada.

BREVE HISTORIA DE DOS GRACIOSOS Y UNA CHICA QUE LE GUSTABA TRONCHARSE DE RISA (MICRORRELATO)

mecánico
BREVE HISTORIA DE DOS GRACIOSOS Y UNA CHICA QUE LE GUSTABA TRONCHARSE DE RISA
Pepe Lechuga se había echado novia. La novia se llamaba Azucena Alacena, era muy guapa y tenía la risa muy fácil. Pepe era graciosillo y Azucena lo pasaba muy bien con él porque con sus jocosidades le provocaba frecuente hilaridad.
Pepe Lechuga era mecánico y tenía a Rufo Mieloso, otro mecánico, como su mejor compañero de trabajo en el taller donde ambos estaban empleados.
Se daba la circunstancia de que los dos eran tan chistosos que mantenían a todos los demás compañeros muy divertidos con sus ocurrencias y payasadas. En la empresa se les quería mucho porque con su buen humor contribuían a que existiera un buen rollo entre los operarios y los clientes que, al menor problema en sus vehículos acudían al taller para recibir sus servicios y de paso reírse un rato con los chistes y las ingeniosidades de los dos graciosos.
Pepe Lechuga hablaba a su novia tan a menudo de las ocurrencias y chanzas que compartía con su colega del taller, que despertó el interés de ella hasta el punto de expresarle que le gustaría muchísimo conocerle.
—El sábado que viene le diré que venga al bar que tú y yo frecuentamos y tendrás oportunidad de conocerle.
—Que traiga también a su novia, si la tiene —propuso Azucena.
—Rufo vendrá solo. No tiene novia.
—¿Qué te parece si invito a mi amiga Filo e intentamos liarlos?
—Pues no sé. Filo es bastante fea —reconoció Pepe.
—Ya, pero seguramente le gustará conocer a tu amigo. Filo tiene una risa muy alegre y contagiosa.
Pepe estuvo de acuerdo. Se reunieron en el bar Parchís y desde el primer momento reinó gran simpatía y buen humor entre los cuatro. Rufo congenió bien con Filo, pero muy especialmente lo hizo con Azucena que se partía de risa con él.
A la semana siguiente de este encuentro tan exitoso, la novia de Pepe comenzó a salir con Rufo. A su novio le sentó fatal este suceso y tuvieron una buena bronca que Azucena liquidó decidiendo:
—Pepe, tú y yo hemos terminado.
—¿Pero por qué? —perplejo e incrédulo el que a partir de aquel momento descendería para Azucena a la categoría de ex novio.
—Pues porque con Rufo me río muchísimo más que contigo, y es de sabios rectificar, y yo rectifico. De ahora en adelante mis risas serán todas para Rufo. Adiós para siempre
—Pero tú y yo lo pasamos de maravilla en la cama —aún argumentó Pepe.
—No te lo discuto, pero es que yo disfruto muchísimo más riendo que practicando sexo, para que te enteres.
Azucena ordenó a sus pies realizar medio giro y una vez realizado éste, indicó a sus piernas alejarse. Pepe se quedó con el corazón mitad desnivelado, mitad lleno a rebosar de rencor. Y en el próximo encuentro que tuvo en la calle con su ex novia y su ex amigo le lanzó una maldición:
—¡Quiera Dios que vuestra felicidad no sea eterna!
Pepe Lechuga acertó. La felicidad de Azucena Alacena y de Rufo Mieloso no fue eterna: duró 60 años de feliz y alegre matrimonio, duración que quebró la muerte que los pilló riendo a carcajadas cogidos de las manos, cuando vino a por ellos.