MAÑANA DE SETAS CON EL ABUELO (MICRORRELATO)

manana-de-setas-con-el-abuelo(Copyright Andrés Fornells)

El niño se lo había pedido otras veces inútilmente, cuando por fin su abuelo consintió en que le acompañase al monte a buscar setas.
—Tenemos suerte, de momento, que nuestro ayuntamiento todavía no les cobra a los seteros —comentó el anciano cuando llegaron a su destino.
—Trae, yo llevo la cesta, abuelo —muy excitado y servicial el pequeño.
Agrado al anciano la buena disposición y consideración que demostraba su nieto. Y como era habitual, el chiquillo comenzó a hacerle preguntas.
—Abuelo, ¿todas las setas se comen?
El anciano estaba de buen humor y respondió:
—Todas, pero algunas solamente una vez.
—¿Por qué una sola vez, abuelo? —intrigado el niño.
—Porque son venenosas y el que se las come se muere.
Muy asustado el pequeño quiso saber:
—Abuelo, ¿conoces tú las setas que son venenosas, de las que no lo son?
—Perfectamente. No te preocupes —con absoluta seguridad.
El niño dirigió al anciano, que caminaba a su lado, una mirada de genuina admiración y pensó: “Seré yo algún día tan sabio como es mi abuelo?”

El tiempo le demostró que se llega a la sabiduría por el camino de la humildad, virtud que él poseía.

OLVIDARSE DE LA PROPIA INFANCIA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Micaela, la mamá de Alfonsito se ponía a menudo de los nervios con él. Últimamente el niño no quería ponerse unos calcetines de color naranja.
—¿Pero por qué no quieres ponértelos? Son muy bonitos. Son los más bonitos que tienes.
Alfonsito callaba y, obstinado, movía la cabeza en sentido negativo y no se ponía los calcetines colorados.
Micaela, un fin de semana que recibió la visita de Alfonsina, su madre, le pidió:
—A ver si usted, madre, que ha tenido siempre tanta confianza con su nieto, le saca el por qué le ha cogido manía a unos calcetines nuevos color naranja, que no quiere ponérselos.
La abuela Alfonsina se llevó a su nieto Alfonsito al parque infantil y un rato más tarde regresaron ambos risueños y felices, algo habitual entre ellos dos.
—Ve a lavarte las manos que dentro de cinco minutos comemos —ordenó Micaela a su hijo. Esperó a que éste marchase al cuarto de baño y entonces bajando la voz le preguntó a su madre—: ¿Pudo averiguar porque el nene le ha cogido manía a los calcetines colorados?
—Alfonsito no le ha cogido manía a esos calcetines —respondió en actitud benevolente, la buena mujer que la trajo al mundo—. Ocurre que el niño no quiere ponérselos para no molestar a dos duendes que están viviendo dentro de ellos.
—¡Dios mío! —alarmada Micaela—. Vamos a tener que llevar al niño a un psiquiatra.
—Cuando tú tenías la edad que tiene ahora tu hijo, te negabas a ponerte unas bonitas pantuflas de color rosa porque estabas convencida de que dentro de ellas habitaban dos duendes.
Micaela abrazándose a su madre rompió a reír reconociendo:
—Qué pena las cosas tan hermosas de nuestra niñez que se nos olvidan.

ESE AMIGO SIEMPRE FIEL (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Comparando cifras económicas del pasado con las cifras económicas actuales, esas personas que se arrogan el título de saber medirlo todo, nos aseguran que vivimos mejor que nunca. No poseo los conocimientos ni los medios para poder demostrar si están en lo cierto o, si están equivocados. Pero sí estoy capacitado para constatar todos los días que nos están recortando las libertades y nos están crujiendo a impuestos hasta el punto de que vivimos tan agobiados que apenas disfrutamos de poseer cosas tan maravillosas como tener buena salud y gozar las ambrosias de unos modestos alimentos diarios.
Y en este momento en que estoy en el monte, respirando aire algo más limpio que el de la ciudad, sentado y protegido del abrasante sol por la tupida copa de un pino, soy presa de la depresión que me causan las facturas por pagar, los agobiantes impuestos conque nos aplasta el Estado y el incierto futuro de las pensiones, siento unos lengüetazos en la mano que tengo apoyada en el suelo. “Troyano”, mi perro, se ha dado cuenta de que estoy sufriendo uno de mis baches sombríos y me está diciendo que, para alegrarme el día y mostrarme su inmenso cariño está él. Giro la cabeza y lo miro. Y él comienzo a jadear, a hacer muecas graciosas y a mover su cola a la velocidad de un ventilador. Y le digo con una mezcla de emoción y ternura:
—Sí, mi querido “Troyano”, vale la pena vivir para poder tener amigos tan magníficos como tú.

EL INTOLERABLE, CONTINUADO SAQUEO A LOS CONTRIBUYENTES (MICRORRELATO)

albañil 1(Copyright Andrés Fornells)

Tengo un amigo al que llaman, por lo gordito que está, Pepe Mantecas. Lo de Pepe le viene por la mojadura católica que le dieron en la pila bautismal, lo de Mantecas es un irrespetuoso apodo que le ha puesto gente desconsiderada, por lo bien rellenito que corporalmente está. Vamos, que cuando le tengo a mi lado, manteniéndonos los dos de pie, formamos la cifra 10, pues yo soy el uno y él es el cero. El piquito del palo de este número uno, para que no se especule equivocadamente sobre ello, es la visera de la gorra que generalmente llevo, para proteger el par de neuronas vivas que me quedan todavía no me las vaya a achicharrar el tórrido y risueño sol andaluz. La gorra lleva el siguiente escrito: “Familia unida, jamás será vencida”.
Aclarado esto, expongo el motivo por el cual he traído aquí a colación a Pepe Manteca.
Este buen hombre que, a pesar del notorio volumen de su cuerpo, es uno de los mejores albañiles que conozco, me decía esta mañana mientras tomábamos el primer café del día, en el bar del Tuerto:
—Quillo, estoy hasta el gorro de tanto político desvergonzado y abusón.
—No estás solo en ello —reconocí.
—Verás porque lo digo, pianista de teclados de ordenador. Fíjate en lo siguiente: Si yo no trabajo, no cobro. ¿Cierto?
—Bueno, lo mismo que todo el mundo —con equivocada precipitación, un servidor.
—¡No! ¡Como todo el mundo no! —muy indignado—. Ahí tienes a los políticos que se han tirado un montón de meses sin hacer ni el huevo y cobrando unos sueldazos, que para nosotros los quisiéramos los sufridos contribuyentes.
—Sí, apúntame a mí entre ésos —reconocí, afirmando enérgicamente con la cabeza.
—¿Sabes a quién votaré yo en las próximas elecciones, que no van a tardar?
—Dame una idea, porque me cuento entre los muy decepcionados —yo siempre dispuesto a aprender del que sabe más que yo.
—Votaría al partido que prometiese que el político que no trabaje no cobre, y que el político que se duerma en el hemiciclo, fuera despedido de por vida.
—¡Uf, lo que subirían las cifras del paro! —calculé.
Aquí cortamos nuestras confidencias, pues acababan de sentarse en la mesa vecina a la nuestra unos tipos con ristras y ropas de rebajas, pero con sendos Rolex de oro, y la prudencia nos aconsejó callarnos. Quién, en este injusto, traidor, ruin y puerco mundo no tiene miedo de ser represaliado, es un inconsciente o no ha echado cuenta de todas esas películas y de todos esos libros de historia en los que los héroes han sido eliminados.
—El café me sabe amargo —dijo Pepe, con segundas.
—También a mí me sabe amargo —respondí yo igualándole la intención. Echamos una mirada falta de cariño y sobrada de desconfianza a los nuevos ricos, pagamos las infusiones y nos fuimos, Pepe Mantecas a su andamio y yo a mi ordenador.