EL INTOLERABLE, CONTINUADO SAQUEO A LOS CONTRIBUYENTES (MICRORRELATO)

albañil 1(Copyright Andrés Fornells)

Tengo un amigo al que llaman, por lo gordito que está, Pepe Mantecas. Lo de Pepe le viene por la mojadura católica que le dieron en la pila bautismal, lo de Mantecas es un irrespetuoso apodo que le ha puesto gente desconsiderada, por lo bien rellenito que corporalmente está. Vamos, que cuando le tengo a mi lado, manteniéndonos los dos de pie, formamos la cifra 10, pues yo soy el uno y él es el cero. El piquito del palo de este número uno, para que no se especule equivocadamente sobre ello, es la visera de la gorra que generalmente llevo, para proteger el par de neuronas vivas que me quedan todavía no me las vaya a achicharrar el tórrido y risueño sol andaluz. La gorra lleva el siguiente escrito: “Familia unida, jamás será vencida”.
Aclarado esto, expongo el motivo por el cual he traído aquí a colación a Pepe Manteca.
Este buen hombre que, a pesar del notorio volumen de su cuerpo, es uno de los mejores albañiles que conozco, me decía esta mañana mientras tomábamos el primer café del día, en el bar del Tuerto:
—Quillo, estoy hasta el gorro de tanto político desvergonzado y abusón.
—No estás solo en ello —reconocí.
—Verás porque lo digo, pianista de teclados de ordenador. Fíjate en lo siguiente: Si yo no trabajo, no cobro. ¿Cierto?
—Bueno, lo mismo que todo el mundo —con equivocada precipitación, un servidor.
—¡No! ¡Como todo el mundo no! —muy indignado—. Ahí tienes a los políticos que se han tirado un montón de meses sin hacer ni el huevo y cobrando unos sueldazos, que para nosotros los quisiéramos los sufridos contribuyentes.
—Sí, apúntame a mí entre ésos —reconocí, afirmando enérgicamente con la cabeza.
—¿Sabes a quién votaré yo en las próximas elecciones, que no van a tardar?
—Dame una idea, porque me cuento entre los muy decepcionados —yo siempre dispuesto a aprender del que sabe más que yo.
—Votaría al partido que prometiese que el político que no trabaje no cobre, y que el político que se duerma en el hemiciclo, fuera despedido de por vida.
—¡Uf, lo que subirían las cifras del paro! —calculé.
Aquí cortamos nuestras confidencias, pues acababan de sentarse en la mesa vecina a la nuestra unos tipos con ristras y ropas de rebajas, pero con sendos Rolex de oro, y la prudencia nos aconsejó callarnos. Quién, en este injusto, traidor, ruin y puerco mundo no tiene miedo de ser represaliado, es un inconsciente o no ha echado cuenta de todas esas películas y de todos esos libros de historia en los que los héroes han sido eliminados.
—El café me sabe amargo —dijo Pepe, con segundas.
—También a mí me sabe amargo —respondí yo igualándole la intención. Echamos una mirada falta de cariño y sobrada de desconfianza a los nuevos ricos, pagamos las infusiones y nos fuimos, Pepe Mantecas a su andamio y yo a mi ordenador.

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