¿MORIR DE AMOR? (MICRORRELATO)

MORIR DE AMOR(Copyright Andrés Fornells)

Un muchacho cuyo rostro mostraba notable ingenuidad, entró en una comisaría de policía. Manifiestamente nervioso, retorciéndose las manos y con parpadeo acelerado, se detuvo delante del agente que se hallaba de servicio.
—¿Qué puedo hacer por ti, chico? —le preguntó éste, amable, educado, atento.
El recién llegado, conteniendo a duras penas las lágrimas que engordaban sus cándidos ojos confesó, angustiado, el problema que traía:
—Verá usted, señor agente, el sábado pasado, en una discoteca, conocí a una chica que estaba muy guay. Los dos, enseguida, nos gustamos mogollón. Bailamos, nos tocamos, nos besamos y dentro de mi coche hicimos cosas prodigiosas… —el jovencito realizó esta explicación sonrojándose hasta la raíz del cabello, sus manos fabricando albóndigas invisibles.
—Vale, vale —le cortó el funcionario—. Ve al grano, chico.
—Pues verá, con esa chica, que me dijo llamarse Tina, quedamos en vernos ayer sábado en la misma disco que nos conocimos, y ella no se presentó.
—El clásico plantón —su interlocutor realizando serios esfuerzos para no perder la paciencia.
—No; no es eso. Ella me dijo que si no acudía a la cita que habíamos acordado, sería porque ella habría muerto de amor por mí. Y eso creo que es lo que le ha ocurrido, que Tina ha muerto de amor por mí. Les ruego que averigüen su domicilio para poder ir yo a darle el pésame a su, supongo que afligida familia.
El policía había llegado al punto de tener la casi completa convicción de que su visitante estaba intentado tomarle el pelo. Le entraron ganas de darle una buena bofetada. Pero escrutó detenidamente su rostro bobalicón y, la pesadumbre que éste mostraba, le convencieron de que no era así, sino que tenía delante a un auténtico, patético inocente. Se compadeció de él, sacó del cajón de su escritorio un chupa-chups que había comprado para su hijo pequeño, y se lo entregó diciendo:
—Olvídala. A esa chica la han enterado ya. Adiós.
El jovencito se marchó llorando desconsoladamente, chupando al mismo tiempo el caramelo con palito y, el representante de la ley quedó convencido de que, dentro de su profesión, eran todavía muchas las sorpresas que le aguardaban.

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