LA MISMA CHICA Y DOS CHICOS MUY DISTINTOS (MICRORRELATO)

Amedeo Modigliani-766663
(Pintura de Amadeo Modigliani)

(Copyright Andrés Fornells)
Tina Gómez tocó al timbre de la puerta de su apartamento hasta que él, Albertito Escalones, con los nervios muy alterados, incapaz de aguantar más tiempo este atormentador ruido, abrió la puerta y se encontró con la pesada de su ve-cina del cuarto “B” quién, juntando las manos histriónicamente, le suplicó otra vez más:
—Por favor, Albertito, ámame, te lo suplico. Estoy loca por ti.
—Te he dicho mil veces que solo puedo amar a las chicas de las que me enamoro, y de ti no puedo enamorarme —despectivo, enojándose él.
—Pero dime: ¿por qué no puedes enamorarte de mí? —ella al borde del llanto.
—Porque eres muy guapa y a mí me gustan las tías feas. Así de simple es la cosa.
—Por Dios qué raro eres —ella exasperándose.
—Es que tengo personalidad, algo de lo que carece la mayoría de la gente —pavoneándose.
—Si me hago la cirugía estética y me ponen fea, ¿podré entonces gustarte?
—No sé. Ya veríamos… —sacudiendo Albertito la cabeza, sin concederle ninguna garantía.
Estaban hablando en aquel momento en el dintel de la puerta. Genaro Rayo, que bajaba silbando la escalera se detuvo junto a ellos e, ignorando al desdeñoso Albertito, miró a Tina con arrobamiento y le dijo con voz de caramelo de menta:
—Nena, en el momento mismo que aterrizaron mis maravillados ojos sobre ti, descubrí que los ángeles también bajan a la tierra.
—¿Te gusto? —quiso ella cerciorarse.
—A rabiar. Pídeme que bese tus angelicales pies y lo hago ahora mismo. No tienes más que descalzarte —Genaro destilando pasión por sus cuatro puntos cardinales.
Gustó muchísimo a Tina su desbordante pasión y quiso saber:
—¿A dónde vas ahora?
—A donde tú quieras ir, reina de las hadas. Soy todo tuyo —abriendo los brazos con eufórico entusiasmo.
Tina, impresionada por la evidente adoración despertada en su inesperado ad-mirador, se cogió encantada de su brazo y respondió:
—Vamos al mundo. A conquistarlo juntos.
—¡Vamos! ¡Tonto el último!
Arturito viéndoles alejarse escaleras abajo, dando saltitos de júbilo, murmuró frustrado:
—¡Bah! Son tal para cual. No tienen personalidad.
Y, misterios del funcionamiento cerebral de algunos humanos, Albertito Escalones, en adelante, echó de menos que Tina Gómez pulsara insistentemente el timbre de su puerta y, al abrirla él, le suplicase que la amara.

avatar
  Subscribe  
Notify of