LA OFICINA RECOLECTORA DE LOS SUEÑOS BONITOS (MICRORRELATO)

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(Copyright Andrés Fornells)

Llevaba más de una hora esperando en aquella cola interminable cuando el portero de magnifico traje inmaculadamente blanco y gorra entorchada y ostentosa como las de los generales de algunos países bananeros me dijo:
—El siguiente.
Entré en una oficina pequeña, aunque muy moderna, con cuadros picassianos en las paredes y un corto mostrador detrás del cual había un taquígrafo, hombre cincuentón de cabeza muy despoblada de pelo. Parecía estar agotado y aburrido. Me dirigió una mirada llena de animadversión y me dijo con aspereza:
—Aligere. Empiece usted a contarme sus sueños bonitos.
Y empecé a contarle. Transcurridas seis horas, estaba todavía en ello, tenía al taquígrafo agotado por completo y odiándome como seguramente jamás había odiado a nadie. Apareció entonces el portero (que por cierto se parecía a Charles Laughton caracterizado como Quasimodo), y, empleando conmigo muy malos modos me ladró:
—¡Basta! ¡Se acabó! Vamos a cerrar. ¡Lárguese y no aparezca nunca más por aquí porque le asesinare!
Con un hilo de voz, pues no tenía fuerzas para nada más le apoyó el taquígrafo:
—Y yo te ayudaré…
—Pero si no he contado ni la décima parte de los sueños que tengo.
Él y el taquígrafo formaron dúo con un odio vesánico que yo en absoluto creía merecer y me gritaron:
—¡¡Fuera!! ¡¡Y no se le ocurra volver más por aquí porque le asesinaremos después de torturarle las mismas horas que nos ha torturado usted!
—Bueno, si alguien que lea esto tiene un poco de paciencia, le contaré todos los sueños bonitos que tengo y no me dieron tiempo de contar aquellos impacientes y maleducados empleados de LA OFICINA RECOLECTORA DE LOS SUEÑOS BONITOS.

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