UN FUTURO PADRASTRO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Rosenda tenía treinta y cinco años. Era agraciada de cara, esbelta de cuerpo y, desde hacía casi un lustro, viuda, por haber fallecido su esposo de una enfermedad incurable. Trabajaba de dependienta en una farmacia donde era muy apreciada debido a la diligencia, eficacia y simpatía conque trataba a los dueños y a los clientes. Aparte de esta ocupación laboral, Rosenda cuidaba de sus dos hijos, David de 9 años y Elenita de 7.
En su lugar de trabajo, Rosenda conoció a Alejo, 10 años mayor que ella, divorciado, repartidor farmacéutico de una prestigiosa y poderosa firma internacional. Con el frecuente trato surgió entre ambos un sentimiento que paso del inicial agrado al enamoramiento. Siempre tan atareada ella, comenzaron a salir algunos fines de semana, siempre incluyendo Rosana la presencia de sus hijos. Éstos demostraron desde el primer momento de conocerle rechazo hacia el hombre que su madre deseaba convertir en su padrastro. Alejo, por amor a la madre de ellos dos soportaba con paciencia los continuos desaires que le prodigaban los chiquillos.
Rosenda, exasperada por su conducta reconocía, cuando se hallaba a solas con el hombre que había despertado en ella un segundo amor de pareja:
—Lo siento, cariño. Me entristece profundamente el calvario que te hacen pasar mis hijos. Son tan pequeños para comprender que muerto su padre, al que adoraban, yo pueda traer a su vida a otro hombre.
—Bueno, tengamos calma —recomendaba Alejo, paciente, esperanzado—. Estoy seguro de que cuando me conozcan mejor, terminaran aceptándome y queriéndome. Yo les he cogido cariño y el cariño estoy convencido de que es contagioso.
—Eres una persona maravillosa —elogiaba ella, conmovida y agradecida—. Ojalá estés en lo cierto. Sois tan importantes para mí vosotros tres.
Una mañana Alejo se llevó a los dos pequeños al zoo. Se esforzó en demostrarles su conocimiento sobre los animales allí existentes. Les compró chucherías, pero no logró con todas sus amabilidades despertarles el reconocimiento y el agradecimiento que perseguía.
Llegaron finalmente delante del lugar donde tenían presos a una pareja de elefantes. Uno de ellos, al ver a Alejo, comenzó a dar notables muestras de alegría. El enorme animal se acercó rápido a la barrera de madera que lo separaba de la gente y dirigió su trompa a Alejo que, mientras se la acariciaba le hablaba en un idioma que los grandemente asombrados hijos de Rosana no entendieron.
De pronto, el paquidermo cogió con su tropa a Alejo por la cintura, lo elevó en el aire y lo montó encima de su lomo, muy cerco de su grueso cuello. Inmediatamente se formó una multitud de curiosos. Y acudieron, alarmados, una pareja de vigilantes.
Alejos les advirtió enseguida:
—¡Tranquilos! Manténganse a prudente distancia. Este elefante se llama Shamma, y yo cuidé de él durante más de diez años. Nos conocemos muy bien y nos queremos. Podría atacarles si interpretara que pretenden hacerme daño.
Los empleados quedaron parados, perplejos, observando lo mismo que la multitud que ya se había formado. Alejo le dio una orden y el enorme animal elevó sus patas delanteras manteniéndose vertical apoyado únicamente en sus dos enormes patas traseras, y de este modo paseó por el interior del recinto recibiendo los admirados aplausos del público, y lo mismo de los entusiasmados hijos de Rosana.
Cuando terminó su exhibición Alejo, acariciando a Shamma cuyos ojos lo miraron con un brillo de hondo afecto les prometió venir a menudo a verlo.
—La próxima visita que le hagamos a Shamma podríamos traerle manzanas, que le gustan muchísimo. ¿Qué os parece? —propuso Alejo a los niños.
David y Elenita dieron saltos de entusiasmo y ofrecieron el dinero de sus huchas para comprarlas.
Alejo reía feliz escuchándolos.
A partir de aquel día los pequeños no solo le aceptaron, sino que lo admiraron escuchándole, fascinados, las historias que él les contaba de cuando fue domador de elefantes y trabajó en un circo antes de ser despedido, lo mismo que sus otros compañeros circenses, cuando el empresario que los tenía contratados tuvo que cerrar su circo, arruinado, y vender los animales que tenía a diferentes zoos.
Si les ha gustado este relato quizás les guste leer mi libro situado en África “SED NEGRA”. Capítulos gratis pulsando el enlace: https://www.amazon.es/dp/B07GV4WCGG/

avatar
  Subscribe  
Notify of