LES APASIONABAN LAS TORTILLAS DE PATATA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Anselmo Potasio tenía una queja que expresaba cada vez que lo atacaba la melancolía:
—A mí me amarga la existencia el hecho de que cuando yo vine al mundo, mi padre no se hallaba presente.
—¿Pues dónde estaba tu padre?
—Eso habríamos querido saber mi madre y yo para llamarle canalla, falso y seductor.
Una mañana Anselmo recibió una llamada que despertó muy considerablemente su interés.
—¿Sí? —respondió como tenía por costumbre.
—Juan, cariño, ¿eres tú?
Enamorado del afectuoso tono de aquella voz, Anselmo respondió:
—Sí, dime, mi vida.
—Tú no eres Juan —descubrió enseguida la joven que llamaba.
—Tu tampoco eres, Alicia, pero me encantaría conocerte.
—¡Vaya, seguro que eres muy feo!
—Te equivocas. Soy tan bien parecido que cuando me miro en los espejos, los espejos me sonríen.
A ella le entró la risa.
—Me parece que eres muy vanidoso.
—¿Por qué no nos vemos y te demuestro que no exagero?
Quedaron en verse. Ella se llamaba Carmina. Era bien parecida y simpática. El destino intervino en aquel asunto, especialmente cuando él en tono melancólico comentó:
—Cuando yo vine al mundo, mi padre no estaba presente.
—Lo mismo me ocurrió a mí. Con Juan yo no tenía esto en común.
—Yo tampoco tenía esto en común con Alicia.
—¿Te gustan las tortillas de patata?
—Me chiflan, sobre todo si llevan un poco de cebolla.
—Igual que a mí. ¿Serías capaz de romper con Alicia?
—Por ti sí —sin la menor duda él—. ¿Y tú serías capaz de romper con Juan?
—Sin dudarlo un segundo.
Han trascurrido diez años de este encuentro y Carmina y Anselmo siguen juntos comiendo tortillas de patata que comparten con los tres niños que tienen y, en el parto de todos ellos estuvo presente el padre.

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