UN NIÑO AMABA A UNA MAMÁ QUE NO ERA LA SUYA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Albertito vivía en una mansión. Sus papás eran muy ricos e influyentes. También eran bellos y elegantes, cultos y refinados. Tenían numerosos amigos en las altas esferas. Los invitaban a las fiestas más selectas. Ellos daban asimismo fiestas en su majestuosa villa, con gran derroche de lujo, manjares gastronómicos y bebidas salidas de las bodegas más caras y afamadas. Orquestas de prestigio interpretaban música selecta para que la bailasen los invitados especiales que concurrían a estos notables eventos.
Albertito, desde lo alto de la escalera del piso de arriba los observaba a veces con cara de fastidio murmurando en un lenguaje que nunca le habrían permitido ni sus progenitores ni sus estrictos educadores:
—Siempre la misma mierda. Y mientras yo me aburro aquí como una ostra, Tino debe estar con su madre riendo y disfrutando de su cariño.
Tino era el hijo de la guardesa. La guardesa se llamaba Eugenia. Vivía con su marido, que tenía a su cargo los jardines, y su único hijo, en una modesta casita muy alejada de la gran casa principal.
Siempre que podía escaparse de sus tutores, Albertito acudía a la humilde vivienda de los guardeses para jugar con su hijo y a sentarse en el regazo de la gorda Eugenia que les contaba cuentos muy divertidos, le acariciaba la cabeza, le miraba con ojos amorosos y le decía dulzuras tan embriagadoras que a él le enamoraban el corazón.
Albertito envidiaba a Tino porque tenía una madre maravillosa que no olía a perfumes exquisitos y exclusivos, sino que olía a agua de rosas y a delicioso sofrito y sabía hacerle feliz todo el tiempo. La suya solo servía para regañarle y decirle lo que, debido a su posición social, él podía o no podía hacer.
Albertito solo conocía la dicha total, el tiempo que pasaba con los guardeses. Albertito envidiaba a personas que económicamente eran muy inferiores a las pertenecientes a su mundo sofisticado y pudiente. El niño Albertito nunca había entendido que a él, hubiera personas que pudieran envidiarle.

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