EL PELIGRO DE QUE NUESTROS HIJOS NOS IMITEN (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
La mujer había llegado hacía muy poco de su trabajo y se hallaba preparando la cena. A los cinco minutos llegó también su marido que tras dejar su maletín encima de la mesa del tresillo se reunió con ella en la cocina y preguntó mostrando natural interés:
—¿Y los niños?
—Ahí fuera, en el jardincito, están jugando.
El hombre cogió un botellín de cerveza de la nevera y se asomó a la ventana en el momento en que su hijo de seis años acababa de encerrar a su hija de cinco en una especie de rectángulo hecho con tres sillas y una tumbona todas ellas de plástico y le decía:
—Encarna, como te has convertido en un estorbo para nosotros, aquí quedas encerrada en esta residencia para ancianos.
Encarna era la madre del padre de los niños. Los remordimientos flagelaron el corazón de este hombre que, volviendo al lado de su mujer dijo con infinita tristeza:
—¿Sabes una cosa, Luisa? Cuando seamos viejos, tú y yo terminaremos en el mismo sitio que ha terminado mi madre.
—Nuestros hijos… —no terminó ella su frase que habría sido: “no nos harán eso”.
Miró por la ventana y vio y oyó lo mismo que había visto y oído su marido Y sintió que le entraba una tristeza infinita.

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