UN TIPO OPTIMISTA (RELATO)

HOMBRE OPTIMISTA
Un hombre llegó con un coche robado y, al encontrar aparcamiento justo delante del edificio que quería visitar, pensó con el optimismo que le caracterizaba. “Es mi día de buena suerte”. Y sacando el revólver que llevaba en el bolsillo de su vieja y puerca gabardina se dirigió a la entrada del banco. Entró en el mismo y poniendo cara de malo, algo que le costaba muchísimo esfuerzo pues era puro fingimiento, ordenó empleando voz de mala persona:
—¡Todo el mundo al suelo, poniendo cuidado de no hacerse daño! ¡No quiero que nadie salga perjudicado! ¡Y tú, capitalista, el de la caja, ya me estás dando todo el dinero que guardáis, si no quieres que agujeree tu traje por media docena de sitios! —esta advertencia fue para el cajero que, por falta de experiencia, pues era el primer atraco que sufría, se mostraba exageradamente asustado.
De pronto el atracador sintió en lo alto de la cabeza un golpe tan fuerte que, antes de perder el conocimiento creyó que se le había caído encima de ella el globo terráqueo entero.
Dos horas más tarde recobraba todos sus sentidos encerrado en el calabozo. Lo primero que hizo fue tocarse la cabeza. Comprobó que no la tenía rota, que lo único nuevo en lo alto de ella era un chichón del tamaño de un huevo de avestruz y murmuró:
—No puedo quejarme podía haber sido muchísimo peor. Los que tienen la obligación de hacer cumplir las leyes me condenarán a varios meses de cárcel. Bueno, “no hay mal que por bien no venga, que decía mi santa madre que al pobre hizo lo imposible por inculcarme honradez y amor al trabajo, y fracaso estruendosamente. Bueno, ahora que vamos de cara al invierno, mejor estaré preso disfrutando de calefacción gratis, comida gratis, medico gratis, televisión gratis y la compañía de gente menos honrada todavía que yo; que libre y pasando mucho frío de noche en portales y bancos del parque expuesto a que algún asesino loco se le ocurra degollarme para quedarse con mis zapatos casi nuevos.

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