DOS RECLUSOS (Relato negro)

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DOS RECLUSOS 

        Aunque era malcarado y poseía un aire huraño, el preso veterano decidió entablar amistad con el recluso nuevo, cuando ambos se detuvieron en el patio de la cárcel apoyando su espalda contra la pared en la parte que daba la sombra pues estaban en verano y el sol calentaba lo suyo.

        —¿Y a ti por qué te han metido en el trullo? —preguntó, amistoso.

        El preguntado le dirigió una siniestra mirada y respondió, hosco:

        —Porque tenía un bar.

        —Por tener un bar no condenan a nadie a prisión —incrédulo, pensando que el otro podía estarle gastando una broma.

        —Es que muchos de los imbéciles que entraban en mi bar nunca más volvían a salir de él —con siniestro y escalofriante tono de voz, el condenado que recién acababa de llegar.

        El recluso veterano decidió inmediatamente no ganarse su amistad y mucho menos su enemistad. Mucha mayor desgracia que estar encarcelado era estar muerto. 

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