SUSTO GRANDE (Microrrelato)

SUSTO MUY GRANDE 

El enamorado se jugó la vida escalando la fachada del inmueble para llegar al balcón del tercer piso donde vivía su amada. Y llegado a su meta vio por la entreabierta cristalera a la mujer que él tanto quería, metida en la cama con otro. Entonces se quitó los pantalones se los puso de sombrero y dando gritos fantasmales entró en la alcoba y les dio un susto de muerte. Tan de muerte fue el susto que tuvieron, a los dos copuladores que enterrarlos al día siguiente. El causante de su fallecimiento disimuló el contento por su venganza, llorando como una Magdalena, el nombre que tenía la infiel. Muchos de los que le vieron demostrar aquella falsa congoja sintieron pena de él y más de uno dijo a sus espaldas:

—Ahí tenemos a un hombre que no merecía le pusieran los cuernos. Parte el corazón verlo tan afligido.

No sabían, los muy ignorantones, que acertaban en lo primero y erraban en lo segundo.

 

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