ESPERANDO AL VAMPIRO (Microrrelato)

ESPERANDO AL VAMPIRO 

      La muchacha se enamoró de un vampiro. Sentía un placer infinito cuando él le chupaba la sangre mordiéndole dulce y delicadamente el cuello. Pero él tuvo que acudir en ayuda de su padre a quien, en Transilvania, alguien le había clavado una estaca en el corazón. La muchacha salía todas las noches al balcón por si lo veía venir volando. Lo echaba muchísimo de menos.

La luna, compadecida de ella la fue atravesando el corazón con la daga del olvido hasta conseguir llegarle a lo más hondo, y entonces la muchacha cerró la puerta de su balcón y aceptó una relación estable con el panadero que vivía en su misma calle pues con él, tenía por lo menos seguro el pan de cada día y a la hora de morderle el cuello no lo hacía tan dulcemente como el vampiro, pero también la daba gusto, la debilitaba menos, y además a ella la gustaba el olor a harina que él desprendía.

MORALEJA: El que no aprende a olvidar se condena a sufrir eternamente por lo que ya no tiene remedio y, a menudo, ni siquiera vale la pena.

 

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