BREVE HISTORIA DE BIZCOCHITO, MARIPOSA Y SUS DUEÑOS (RELATO)

BREVE HISTORIA DE BIZCOCHITO, MARIPOSA Y SUS DUEÑOS (RELATO)

Había un joven llamado Pedro Rasca que vivía en compañía de un gato llamado Bizcochito. Humano y felino se llevaban muy bien. No eran felices podía verse en sus ojos faltos del brillo de la alegría. Les faltaba algo muy importante en su vida y, de momento, no sabían cómo conseguirlo.

Un día, el apartamento vecino al suyo, que llevaba algún tiempo vacío, fue ocupado por una chica llamada Blanca Azucena. Blanca Azucena tenía una gata a la que llamaba Mariposa. También podía leerse en los ojos de ambas, de la fémina y del felino, que no eran felices. Las dos reconocían que a su vida le faltaba algo, pero, de momento no sabían cómo conseguirlo.

Una mañana de domingo, tan temprano que el sol justo se estaba desperezando, Bizcochito dio un salto espectacular y pasó del balconcito de su vivienda al balconcito donde Mariposa le sonreía como Adán a Eva en el momento que descubrieron una forma estupenda de divertirse empleando los excitantes juguetes que ambos poseían en sus cuerpos.

Bizcochito y Mariposa lo pasaron tan bien en el juego realizado, que decidieron no separarse nunca más.

Pedro Rasca, viéndolo desde el balcón de su vivienda pidió a Bizcochito que regresara con él. Pero su gato movió enérgicamente su cabeza en sentido negativo.

Blanca Azucena fue testigo de esta escena y, compadecida de Pedro Rasca le propuso:

—Escucha, en vista de que tu gato no quiere volver contigo, ¿por qué no te vienes a vivir a mi casa; de este modo nosotros dos nos ahorraríamos un alquiler?

Pedro Rasca, pensando en los excitantes juguetes que aquella inteligente mujer y también él poseían, dijo mirándola con ojos en los que brillaba una gran cantidad de chispas de alegría y deseo venéreo:

—Jamás recibí una propuesta de más fácil aceptación. Vengo enseguida junto a ti.

Y en adelante aquella pareja de humanos, y aquella pareja de felinos vivieron juntos y no sufrieron más la sensación de que les faltaba algo, porque ya tenían lo que más necesitaban.

MORALEJA: No hay que perder nunca la esperanza de descubrir lo que puede hacernos felices y tener la suerte de conseguirlo.

(Copyright Andrés Fornells)

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