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INDIA: SUS CALLES Y SUS VACAS SAGRADAS (Mis viajes alrededor del mundo)


(Copyright Andrés Fornells)
Alguien que conocía muy bien la fascinante India, dijo de este pobladísimo país (1. 324 millones de habitantes), que es el mayor teatro al aire libre del mundo. Paseando por las calles de Bombay (Mumbai para los nativos) puede uno encontrarse barberos, sacamuelas, encantadores de serpientes, santones predicando, mujeres embelleciendo el conjunto con sus saris y velos de vivos colores y, para no extenderme más, vacas sagradas. Las vacas sagradas lo tienen todo sagrado menos el hocico. Y es que esta parte de su anatomía, según una leyenda muy antigua, la castigó uno de los dioses más importantes del Hinduismo por haber intervenido este animal en un litigio a favor de un dios muy importante y en contra de otro dios hindú que no lo era menos.
Gracias a este favorable castigo los verduleros hindúes pueden alejar a las vacas a golpes (yo los he visto arreárselos a partes que duelen incluso más que en los hocicos) cuando se acercan a sus puestos a perjudicarles pretendiendo comerse gratis sus productos.
Las vacas viven en absoluta libertad dentro de las ciudades y se permiten realizar actos incívicos que les serían castigados a los humanos. Pueden tenderse en mitad de la calzada obligando a todos los vehículos y personas a no causarles daño alguno, o realizar el mismo capricho en una acera obligando a todos los viandantes a bajar de la misma corriendo el peligro de ser atropellados por verse forzados a meterse en terreno destinado al tráfico, por cierto increíblemente caótico pues todo el mundo que circula por las calles de cualquier ciudad hindú tiene derecho a ir por la izquierda, por la derecha y por el centro. Y lo más asombroso es que a pesar de esta falta de normas, a base de bocinazos y algún que otro grito, consiguen los conductores de vehículos que haya menos accidentes que en otros países con normas de tráfico muy bien estudiadas y estrictamente cumplidas.

ENCANTADORES DE SERPIENTES (MIS VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Se calcula que en la actualidad existen en la India unos 300.000 encantadores de serpientes. El gobierno hindú pretende quitarlos de la circulación. Está en vigor una normativa india aprobada en 1972 que prohíbe tener serpientes como animales domésticos. Debido a esta prohibición, los sapwalas no están ya más visibles en los lugares céntricos ofreciendo su espectáculo a los turistas, sino que actúan en lugares más discretos donde no suele molestarles la policía. Pero los saperas (como se los llama también) están en contra de las autoridades que son cada vez más exigentes con el cumplimiento de la ley. Ellos alegan que es su único medio de vida. Y el gobierno tampoco les ofrece ninguna otra alternativa. Algunos de estos encantadores de serpientes son, en contra de lo que puede pensar la mayoría de la gente, músicos bastante buenos. También hay alguna mujer que ejerce este antiquísima actividad. El promedio de serpientes que necesitan por año estos encantadores se calcula que son unas siete. Puede que en su totalidad parezcan muchas, pero no es así ya que sigue habiendo muchísimas y causando muertes de personas todos los años.
Tan abundantes son todavía los ofidios que en la última visita que hizo el presidente Bush a la India, tuvieron que contratar a sapwalas para prevenir que alguno de ellos apareciera por el sitio donde el primer mandatario norteamericano iba a dar su discurso.
Todos estos tradicionales artistas callejeros suelen llevan con ellos una cesta con un par de serpientes naja dentro, un tumarit (flauta), y un morral que contiene algunas ratas y huevos, que son los alimentos que suelen darles a sus reptiles.
Su forma de actuar consiste en tocar la flauta después de haber abierto la tapa de la
cesta. Las serpientes saltan fuera de su escondite, se yerguen majestuosamente frente al domador meciéndose con lentitud al compas de la música y los movimientos de su flauta. Las serpientes son sordas, pero al parecer captan ciertas vibraciones.
Algunos encantadores permiten que los ofidios se enrosquen alrededor de su cuello.
Terminada la actuación les dan de comer. El secreto de que no los muerdan, dicen algunos de los encantadores que es debido a que las serpientes los respetan. Mientras que otros aseguran que se van inmunizando de niños inyectándose una pequeña cantidad de veneno. Y unos terceros afirman que hacen a las najas morder cosas blandas para que dejen el veneno en ellas. También emplean los sapwalas el truco de cambiar hábilmente la cobra inicial por una serpiente que no es venenosa. Y finalmente he escuchado que algunos encantadores se ponen en la corva de alguna de sus piernas una ramita de una planta cuyo olor es parecido al de la pimienta y que desagrada tanto al reptil que lo mantiene a distancia.
Yo no voy a argumentar si existe o no algo mágico en el trabajo que realizan los encantadores de serpientes, pero si defiendo que corren riesgos y que demuestran un valor, una habilidad y un conocimiento de los hábitos de los reptiles que merecen ser reconocidos. Dhanyavaad (gracias)

BOMBAY Y SUS COMERCIANTES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
Bombay (Mumbai para los hindúes) es la capital del estado federal de Maharastra. Su nombre, según algunos estudiosos, deriva de la diosa local Mumba Devi, aunque también otros defienden que el nombre proviene de la palabra portuguesa bom bahía. Los defensores de la primera teoría y los defensores de la segunda no se ponen de acuerdo en este punto. Mumbay se encuentra situada en las costas del mar arábigo. Es la ciudad portuaria más importante del subcontinente, el principal centro económico de la India y alberga a la mayor industria cinematográfica del mundo. Cuenta con numerosas universidades, teatros, museos y galerías.
En esta enorme ciudad se hablan alrededor de 200 lenguas y dialectos. La lengua más hablada es el maratí que la utiliza casi el cincuenta por ciento de la población. Los individuos de las clases altas dominan el inglés, y la gente de la calle que intenta vivir de los turistas lo chapurrea lo suficiente para entenderse en aquello que les interesa. Y una de las cosas que les interesa es llevar turistas a las tiendas que les dan comisión por traerlos.
A los buenos vendedores hindúes les apasiona el regateo. Siempre salen ganando porque pueden pedir mil por un objeto que vale diez, y cuando el comprador considera todo un triunfo haberlo conseguido por quinientos, sigue comprando carísimo, sin él saberlo. Estos vendedores hindúes (especialmente los joyeros) son extraordinariamente astutos y teatreros. Pueden mostrarse tan compungidos por el precio que has conseguido acordar con ellos, que casi te convencen de que realmente lo están.
Si tienes la suerte de ser el primer cliente que ese día ha entrado en su negocio dispuesto a comprar, puedes conseguir el mejor de los precios, pues estos comerciantes tienen la creencia de que la primera venta siempre les trae suerte, y conceden mayor rebaja de la habitual, por conseguirla.

UN PARAÍSO EN FILIPINAS: LA ISLA DE PALAWAN (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Esta isla, perteneciente a Filipinas, es un auténtico paraíso. En ella viven en paz y armonía 81 grupos culturales y razas. En la isla de Palawan abundan los bosques vírgenes, las junglas, las montañas y los islotes rodeados de coral y una extraordinaria fauna marina. Quienes quieran ver peces exóticos de formas y colores fantásticos deben visitarla. La arena de sus playas es blanca y fina y las aguas que las bañan son limpias y cristalinas.
El mar de Filipinas alberga una fauna y flora notoriamente exóticas. Existen casi 500 especies de corales duros y blandos y habitan en sus aguas costeras alrededor del 20 por ciento de todas las especies de moluscos existentes en el mundo. Además de las numerosas especies de peces de pequeño tamaño, en sus aguas de un bellísimo color turquesa abundan también, tiburones, atunes, morenas, tortugas marinas, calamares y serpientes de mar.
El mar de Filipinas es también zona de freza y cría de la anguila japonesa, del atún y de diferentes especies de ballenas.
Las principales actividades económicas en la región del mar de Filipinas son las explotaciones agrícolas y forestales, la pesca, los servicios de la administración pública, el comercio y la artesanía.
Sin embargo, la deforestación incontrolada de los bosques tropicales, con la consiguiente erosión de los suelos y la generalmente elevada contaminación atmosférica y de las aguas ocasiona graves daños ecológicos también en el medio ambiente marino. Esta creciente contaminación de las aguas afecta especialmente a los bosques de manglares ribereños, que sirven como zonas de freza y cría a numerosas especies de peces.
Ojalá que la desmedida ambición humana no destroce las bellezas y riquezas naturales que todavía posee este hermosísimo y paradisíaco país, para beneficio de sus habitantes y de la humanidad entera.

LEYENDA ANTIGUA ESCANDINAVA (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Dice una leyenda muy antigua, que en la época en que el rey Gylfe reinaba en Suecia, llegó a visitarlo una mujer de rara hermosura. Se llamaba Gefjon, era diosa y vidente. Todas las mujeres que morían vírgenes eran enviadas a ella que las convertía en siervas suyas, pues Gefjon era diosa también de la virtud y de la fertilidad. Su esposo era el rey Skjöld, hijo de Odinn. Muchos legendarios reyes daneses alegaron ser descendientes de la diosa Gefjon.
El rey Gylfe fue seducido por la belleza de la diosa Gefjon y por la dulzura y armonía de su canto. Después que ella hubo permanecido durante varios días en Palacio, este monarca le preguntó qué deseaba que le ofreciera él en prueba de gratitud por el placer que le había procurado con su presencia y con su extraordinario canto.
Al parecer esta conversación tuvo lugar en una habitación de palacio mientras ambos personajes brindaban con copas llenas de hidromiel (una bebida alcohólica fermentada a base de agua y miel, tan antigua que ya era nombrada en los versos del Rig Vedá, compuestos 1.700 años a.C.)
En cierto momento de esta conversación la diosa Gefjon dijo:
—¡Oh ilustre señor!, grande es la fama de tu generosidad. Quiero pedirte una parte de tus tierras. Poca cosa. No temas que vaya a mutilar tu reino; quiero sólo el trozo que yo pueda labrar durante veinticuatro horas con la ayuda de cuatro bueyes.
El rey Gylfe contestó, demostrando que era justificada su fama de desprendido:
—¡Oh, diosa! Ciertamente es muy poco lo que me pides. Te lo concedo gustosamente.
Entonces la diosa Gefjon, que pertenecía a la familia de los Ases (dioses bienhechores escandinavos), mandó venir a cuatro hijos que ella había tenido de un gigante en el Iothunheim, cambió a estos hijos en bueyes; a continuación los unció a un colosal arado y marcó un surco alrededor del terreno que había elegido, un surco que fue tan profundo que toda la parte que rodeaba este surco fue separada del continente. Entonces la diosa unció sus bueyes a este trozo de tierra y los aguijó de modo que la arrastrasen hasta el mar. Una vez que estuvieron en la orilla, los sumergió en el agua y los llevó hasta meter el trozo de tierra en el Øresund. Y así fue como nació la isla Danesa de Selandia.
Esta leyenda es conmemorada por la Fuente Gefjon de bronce en Copenhague, esculpida por Anders Bundgaard en 1908, y podéis admirarla en el centro de la plaza que rodea el Palacio Real Amalienborg, una maravilla arquitectónica que no debe perderse nadie que visite Dinamarca.

NYAI LORO KIDUL, LA DIOSA DE LAS SIRENAS (viajes)


(Copyright Andrés Fornells)
Una telefonista que conocí en la bellísima isla de Java, me contó mientras tomábamos café, algo que me resultó muy interesante:
—Señor, una cosa que a usted le parecerá curiosa es que en uno de los mejores hoteles de Java hay siempre reservada una habitación con baño para la diosa del mar del sur, Nyai Loro Kidul.
No sé si sería por alguna razón supersticiosa (pues en ningún momento tuve la impresión de que pudiera estar mintiéndome) ella no quiso revelarme el nombre del hotel que realizaba este hecho tan sorprendente. Así que en lugar de cometer la descortesía de intentar sonsacarle lo que evidentemente no quería decirme, le pedí que tuviera la amabilidad de contarme la leyenda de Nyai Loro Kidul la diosa de las sirenas.
Y esto que narro a continuación es lo que conocí por boca de ella. Según una antigua creencia la diosa del mar del sur vive en las olas del Océano Pacífico y, al igual que las sirenas griegas, engaña a hombres con la promesa de bellezas inenarrables, poder, riquezas y grandeza. Y el resultado es que estos hombres engañados se ahogan delante de ella y sus cuerpos se hunden hasta el fondo del mar.
Un par de días más tarde, un guía turístico me contó que esta leyenda había sido inventada muchos años atrás para intimidar a los pescadores y que éstos no fueran a pescar a los mares del sur porque por allí venían a conquistar su país los portugueses, los españoles y los holandeses.
Y finalmente un buscador de nidos de golondrinas (nidos que estas aves construyen con algas y saliva) tuvo a bien informarme que los mencionados nidos son muy apreciados por los chinos que pagan por ellos precios exorbitantes pues les atribuyen propiedades tónicas (procuran fuerza y energía al organismo). Aparte de lo anterior, este amable javanés me contó que la diosa Nyai Loro Kidul protege a todos los miembros de su gremio y que en un lugar de muy difícil acceso existe una choza que la diosa de las sirenas visita de vez en cuando, la cual está llena de vestidos suyos preciosos. Le ofrecí una buena propina si me conducía hasta aquella misteriosa choza, pero él mirándome con cara de miedo, me respondió que no haría tal cosa ni por todo el dinero del mundo, pues no quería enfrenarse al terrible castigo que recibiría de Nyai Loro Kidul pues su morada era un lugar sagrado que a ningún extranjero le estaba permitido conocer.
Y esto es todo lo que pude averiguar de la legendaria diosa de las sirenas. Pero con diosa o sin ella, la isla de Java posee una extraordinaria belleza, sus gentes son encantadoras, amabilísimas y sonríen hasta en los entierros. Java merece muchísimo ser visitada. Ya me diréis.

COSILLAS QUE APRENDÍ EN MIS VIAJES POR LAS SELVAS AFRICANAS (VIAJES)

CON COCODRILO
El animal más tonto de cuantos viven en el continente africano es el ñu. Cuando una manada de estos cuadrúpedos idiotas decide cruzar un río, como no cuentan con ningún líder que mejore al resto, todos siguen ciegamente al primero que se tira al agua. Me contó un testigo de este insensato hecho que en cierta ocasión presencio como el que había cogido la cabeza de la manada tomó la dirección de una parte tan profunda del río que murieron ahogados cientos de ellos por no ser capaces de alcanzar la orilla opuesta.
En África, los animales salvajes que causan más muertes (en contra de los muchísimos que deben creer otra cosa) son los enormes hipopótamos de bocas tan grandes como pistas de tenis y que bastante gente, que no sabe nada sobre ellos, encuentra simpáticos. Los hipopótamos son animales extremadamente territoriales y, si te bañas dentro de su territorio puedes encontrarte con que uno de ellos te engulle sin tan siquiera tomarse la molestia de darte las gracias ni de masticarte. Eso fue lo que le ocurrió al guía que iba conmigo y que justo acababa de decirme: “Vamos a ver si es cierto eso. Lo que no se prueba, no se sabe”.
Una creencia absolutamente falsa y muy extendida es la de que los cocodrilos después de zamparse a una víctima lloran. Vi a uno de ellos comerse a un bonito cervatillo confiado e inexperto, y al muy cabrón del anfibio no le vi soltar ni la más insignificante de las lagrimitas.
Cuando te veas cara a cara con un león, los guías africanos aconsejan no salir corriendo, y sí permanecer parado e incluso insultarles si es que te funciona la voz, pues estas peligrosas fieras están acostumbradas a que su posible comida corra y, si no corre dudan de que sea comida. Así que demuestra aplomo, valentía, inmovilidad y, si sobrevives, ya me contarás si esta práctica de la inmovilidad funciona o todo lo contrario.
Los elefantes, tan falsamente encantadores en cuentos infantiles (¿quién no gozó en la edad del moco del simpático orejudo Dumbo?), harás muy bien en salir corriendo cuando vengan a por ti pues suelen emplear su trompa con muy mala leche y no os cuento lo que podría significarle a tu indefenso piececito una pisada suya de varias toneladas de peso.
Y en el caso de encontrarte con un caníbal hambriento no pierdas el tiempo sonriéndole pues, por blanca que tengas tú la dentadura, más blanca la tendrá él. Busca su benevolencia y distracción ofreciéndole un bocadillo de jamón serrano y, si en vez de uno son dos bocadillos, mucho mejor. Recuerda que el ahíto puede hacerle ascos al manjar más suculento.
Cuando descubras la reunión familiar de un puñado de hienas no pierdas el tiempo escuchando sus carcajadas y pon tus pies en polvorosa, que es lo que hacen incluso los leopardos entregándoles sus presas cuando estos feos cánidos les enseñas sus dentaduras que son las más poderosas de todo el reino animal.
Si tienes la mala fortuna de que una boa te caiga encima y se te ponga por bufanda, (no importa si esto te acontece en la estación invernal o veraniega) es urgentísimo por tu parte que le busques el cuello y la estrangules antes de que ella te estrangule a ti. No siempre, cuando uno lo necesita, tiene un cañón a mano. Pro-cura recordarlo aunque no seas tan aficionado a la cosa bélica, como cierto ganador del Nobel de la Paz, que todos conocemos y criticamos.
Y para termina esta serie de breves, amistosas y bien intencionadas informaciones, si en plena intrincada selva te entra la acuciante necesidad de descomer, ve muy alerta de no hacerlo cerca de un enjambre de furibundas avispas o de una colonia de hormigas carnívoras, porque en cosa de segundos puedes salir de allí con las nalgas dobladas de tamaño o sin ellas.
Se puede amar a la naturaleza, se puede amar a todas sus criaturas, pero es primordial sobre todo que te ames a ti mismo y hagas lo imposible para llegar a viejo.
Y finalmente, si eres sensato, regalón y cobarde, quédate cómodamente en tu casa bien repantigado en el sofá viendo documentales sobre África, una cerveza fría en una mano y la otra ocúpala acariciando a la mujer que has tenido la inmensa suerte de que te quiere.

 

UN SAMURÁI JOVEN OFENDIÓ A UN SAMURÁI VIEJO -LEYENDA- (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

samurai-viejo
En cierta época alejada de la nuestra, hubo un samurái llamado Daichi que, por las heroicas hazañas realizadas en los campos de batalla se convirtió en un héroe nacional, admirado por quienes reconocían sus grandes méritos como guerrero, y desprestigiado por la plaga de envidiosos que siempre crece a la sombra de los grandes hombres. Llegado a una edad avanzada, Daichi se retiró a un pequeño pueblo del interior donde llevaba una vida pacífica y sosegada, mientras escribía sus memorias para conocimiento de generaciones futuras.
Ávido de adquirir prestigio y fama, un joven samurái llamado Goro se presentó en el municipio donde vivía retirado el viejo Daichi, y aprovechando que la plaza principal se halla abarrotada de gente por estar todos celebrando la famosa Seijin ho hi (fiesta de los adultos, dedicada a los jóvenes que han cumplido veinte años de edad entre el dos de abril del año anterior y el uno de abril presente, o sea la mayoría de edad, en la que, entre otra multitud de personas, las familias de esos jóvenes lo celebran por todo lo alto).
Goro se acercó a Daichi y delante de toda aquella multitud comenzó a lanzarle los insultos más vejatorios que conocía. Entre estos insultos los que más podía herirle como: carcamal, cobarde y fantasma que vivía disfrutando de una gloria totalmente falsa.
Lógicamente, ellos dos se vieron rodeados inmediatamente del gentío allí presente, ansioso por presenciar como respondía a todos aquellos terribles ultrajes el gran héroe jubilado.
Daichi escuchó tan absolutamente impasible como si aquellos agravios no le fueran dedicados. Pronto, de la muchedumbre allí reunida se elevó un rumor de asombro e indignación y, entre los más jóvenes, de duda. ¿Tendría razón el joven y agresivo forastero en aquellas terribles y humillantes diatribas que lanzaba a Daichi? ¿Por qué no reaccionaba éste, como habría reaccionado cualquiera ante tan imperdonables agravios?
En vista de que el anciano no reaccionaba, se mantenía impertérrito, el agresivo Goro, envalentonado, desenvainó su catana y dispuesto a llevarla a cabo, lanzó la siguiente amenaza:
—Voy a cortarte la cabeza, viejo farsante inútil.
Leyendo Daichi en los ojos de su ofensor la disposición de llevar a cabo su amenaza, dio un paso atrás y finalmente, obrando en contra de su voluntad, saco su espada, la espada con la que tantas proezas había realizado a lo largo de su dilatada vida militar.
—Eso me gusta —dijo el impulsivo Goro—. Me gusta que no mueras como un cerdo y que intentes luchar contra mí.
Y tras escupir estas palabras se lanzó contra el viejo samurái que no solo detuvo la estocada que le lanzó Goro, sino que además su arma, al chocar con la del joven desafiante, no solo paró el golpe, sino que se la rompió por la mitad.
—Vamos a dejarlo aquí —dijo Daichi, con voz y expresión profundamente entristecidas.
Goro no se conformó con el papel tan ridículo al que había sido relegado y, con el pedazo de catana que le quedaba intento ensartar al viejo samurái. Si insultarle había sido el primer craso error cometido por él, el segundo, el de querer matarle fue todavía peor. El anciano samurái quiso pararle el golpe, pero su espada, que debido a tantas luchas en las que había tomado parte, poseía autonomía propia, se dirigió al corazón de su asaltante y lo atravesó. Horrorizado por lo que acababa de ocurrir, Daichi dejó caer la espada al suelo y se cubrió el rostro para ocultar las lágrimas de congoja que brotaban de sus ojos, mientras la multitud lo aclamaba y su fama se incrementaba todavía más sin él quererlo.

HINDÚ INMÓVIL COMO UNA ESTATUA JUNTO AL GANGES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

hindu bueno
Conocí a Abdali en Alemania. Él trabajaba allí de enfermero y yo de lavacoches. Nos hicimos amigos en un restaurante que, por sus precios módicos y su enorme tamaño, recibía masiva cantidad de clientes todas las noches. Abdali necesitaba enviar dinero a su casa, y yo lo mismo. Esta necesidad nos obligaba al pluriempleo, así que terminada la jornada en nuestros empleos fijos, durante el día, laborábamos por la noche de friegaplatos en la anteriormente mencionada casa de comidas.
Abdali y yo nos llevábamos muy bien. Los huevos duros y los filetes a medio comer, que nos llegaban dentro de los platos, los íbamos guardando en un par de grandes latas y él lo llevaba a familiares suyos y amigos de estos familiares, que pasaban hambre en un improvisado poblado de chabolas.
Decidimos coger las vacaciones juntos y él se comprometió a enseñarme, durante 13 días, que éstas durarían, lo más relevante de su país.
No cansaré a nadie contándole las bellezas y las miserias que cual-quier visitante de la India habrá visto en su recorrido turístico.
Me detendré solo en contar una anécdota que Abdali y yo vivimos en Benarés. Nada más entrar en los “ghats” (escalinatas de piedra), tuve la impresión de que habíamos llegado a un gran mercado, en vez de como me habían contado, un lugar propicio para orar, meditar y bañarse los devotos hindúes. Reinaba allí un gentío y un bullicio infernales. Hasta codazos nos dieron y dimos. Había un gran número de cremaciones en marcha. Mi amigo Abdali me dijo que algunos días éstas cremaciones alcanzaban la cifra de doscientas. Y me contó que todas corrían a cargo de una etnia llamada Doms. Etnia de parias que, antes de hacerse cargo de este apestoso insalubre y lucrativo negocio eran tan pobres, que lloraban cuando tenían un hijo, y se alegraban cuando éste moría.
—El jefe actual de los doms, se dice que es multimillonario.
—¿Pues cuánto cuesta cada incineración? —interesadísimo en cuanto me estaba contando.
—Varía. La más barato diez dólares y la más cara setenta.
—No parece tanto—opine.
—Para un hindú pobre, es una fortuna —me rectificó él—. Las cenizas las arrojan luego al Ganges, lo cual garantiza al muerto una buena vida eterna.
—Y a los vivos intoxicación seguramente.
Entonces él me explicó que el río era sagrado porque, a pesar de to-da la porquería que le arrojaban dentro, nadie enfermaba por bañarse en él.
Sentado en uno de los ghats reparé en la presencia de un hombre que consideré debía tratarse de un santón. Se hallaba sentado en la postura del Loto y mostraba una total impasibilidad en mitad de la multitud que circulaba a su alrededor. Iba vestido con harapos, llevaba la cara blanqueada con ceniza y lo mismo su larga barba. Sobre la frente le sobresalía una especie de tridente rojo y éste, y el rosáceo de sus labios eran las únicas notas de color en su persona.
Nos impresionó su impasibilidad. Ni siquiera parpadeaba. Hice un comentario que pretendió ser jocoso:
—No estará muerto, ¿verdad, Abdali?
—No. Se mueven levísimamente las aletas de su nariz —apreció él.
Nativos, turistas y vendedores contribuían a aquel ambiente masivo, agobiador. Nos dimos un paseo en barca y compramos algunas baratijas. Abdali negoció y las consiguió diez veces más baratas de lo que me habrían costado a mí.
Cuando regresamos del paseo marítimo por el Ganges, pasamos de nuevo al lado del santón, que seguía tan impasible como lo habíamos dejado casi una hora antes. Y a mí se me ocurrió algo que creí, en aquel momento una originalidad:
—Oye, Abdali, ¿por qué no le preguntas si está rezando o haciendo meditación trascendental?
Él me miró mostrando cierta contrariedad. Me ocurría de vez en cuando con él, estar en desacuerdo en nuestro sentido del humor. Sin embargo, se detuvo junto a aquel hombre-estatua y le hizo la pregunta indicada por mí. Y por fin perdió aquel santón su total inactividad de es-tatua y movió los labios. Lo único antes de volver a convertirse en estatua. Cuando Abdali se reunió conmigo (que le aguardaba a un par de metros de distancia), aprecié por la expresión de su cobrizo rostro, que es-taba disgustado.
—¿Qué te ha dicho? —quise saber curioso, notándole renuente a decírmelo.
—Me ha dicho que colecciona preguntas de curiosos. La mía es la ciento noventa y dos, hoy.
Le noté tan disgustado, que lo acepté por bueno. De ser cierto aquello, resultaba realmente chocante que un hombre santo lo único que es-tuviera haciendo fuese contar las preguntas estúpidas que le hacían. Y de ser así, resultaba de lo más sorprendente lo que podía interpretarse como gran muestra de humor en un hombre tan cargado de dignidad y seriedad.

LA FÁBULA INDIA DEL ELEFANTE BLANCO (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

LA LEYENDA DEL ELEFANE BLANCO
(Me lo contaron en Agra—India)
Cuenta una antigua fábula hindú, que hubo una vez tres grandes sabios que embarcados en la exploración de los Misterios Universales decidieron salir en busca del “Sagrado Elefante Blanco” que para ellos, según sus ancestrales creencias, representaba la VERDAD SUPREMA. Los tres sabios tenían en común el defecto físico de ser ciegos, pero esto no les impedía avanzar guiados por sus otros sentidos y los poderosos ojos de su alma.
Buscaron al “Sagrado Elefante Blanco” en grandes ciudades, sin éxito alguno. Llegados finalmente, agotados, a un pueblecito humilde y allí, un anciano, al ser preguntado por ellos, les indicó el lugar donde hallarían a ese elefante especial que estaban buscando.
Los tres ciegos anduvieron, a partir de aquel momento, con todos sus sentidos aguzados al máximo, a excepción del sentido de la vista porque éste no lo poseían. Llegó el atardecer y, aunque se encontraban exhaustos, siguieron buscando y por fin oyeron y olieron la presencia del “Sagrado Elefante Blanco”. Henchidos de emoción corrieron hacia él, que se encontraba tumbando plácidamente sobre un montón de hojas. Uno de los ancianos sabios se agarró fuertemente a su trompa, extasiado. Otro de los sabios ciegos se abrazó a las patas del paquidermo, con igual embeleso. Mientras el tercero rodeó tiernamente con ambos brazos una de las grandes orejas del animal.
Cada uno de los sabios experimentó al entrar en contacto con el elefante sagrado un sinfín de emociones, de experiencias y sensaciones, tanto interiores como exteriores, recibiendo de este modo la bendición del “Sagrado Elefante Blanco”.
Logrado esto, los tres sabios regresaron a su aldea donde se reunieron en una choza y allí compartieron las sensaciones y emociones que el encuentro con aquel animal sagrado les había transmitido. Y entonces surgieron entre ellos vehementes discusiones sobre “la Verdad”. El anciano que tuvo cogida la trompa del paquidermo dijo:
—La “Verdad” es larga, rugosa y flexible.
El anciano que estuvo cogido a las patas del animal dijo:
—La “Verdad” no es así, “la Verdad” es dura y mediana, como un grueso tronco de árbol.
El anciano que tuvo en sus manos la oreja del paquidermo rechazó las explicaciones de los otros dos y dijo:
—Estáis equivocados: “la Verdad” es fina, amplia y se mueve con el viento.
Tras esta demostración de total desacuerdo, los tres sabios se fueron cada uno por su lado, visitaron muchos países y en todos ellos difundieron su “Verdad”. Los tres habían llegado a encontrar la Divinidad, pero no percibieron su amplitud, sino que se limitaron a experimentar una parte, no el Todo, por lo tanto, aunque sinceros y honestos en su prédica, erraron al expandirla, expandir “la Verdad” debido a su propia limitación mental.