CUENTOS PARA NIÑOS (segundo fragmento)

EL DESCUIDO DEL ANGELITO MODORRÍN

 

Dicho esto, el hombre del desierto agarró, sin miramientos, por un brazo al angelito y empezó a tirar de él, obligándole a seguirle. Antes de transcurrida media hora encontraron un magnífico oasis de cristalinas aguas, todo él rodeado de altas y verdes palmeras. El beduino lanzó un alarido de júbilo, soltó el brazo del espíritu celeste, corrió hacia el agua, se tiró de cabeza dentro de ella y bebió hasta casi reventar. Una vez satisfecha su tan perentoria necesidad, arrancó un gran racimo de dátiles y comenzó a comerlos con auténtica fruición. Fue entonces cuando Modorrín le recordó el acuerdo al que habían llegado ambos.

—Y ahora, date esos varazos que acordamos. Cumple tu compromiso.

Los negrísimos ojos del tuareg se clavaron en él. La burla brillaba en ellos.

— ¡Jo, Jo, Jo! —rompió a reír—. ¿De verdad creíste, mocoso, que yo iba a ser tan tonto como para golpearme a mí mismo? ¡Me parto de risa! Pues, ¿sabes qué te digo? Que como no desaparezcas de mi vista ahora mismo, vas a ser tú el que pruebe la dureza de mi vara.

—Vaya, vaya. Conque esas tenemos, ¿eh? —se enfadó el que había descuidado la vigilancia de la estrella del Sur—. Pues ahora verás lo que les ocurre a aquéllos que no cumplen las promesas que dan.

Y acto seguida interpretó con su flauta mágica la melodía de la evaporación, y en cosa de pocos segundos el oasis entero se quedó sin una gota de líquido.

El beduino necesitó varios minutos para reponerse de la sorpresa que aquel extraordinario suceso le había causado. Sin embargo, en lugar de sacar provecho de la lección recibida, pretendió engañar de nuevo a quien de modo tan desinteresado lo había favorecido. Y adoptando una actitud de falsa humildad, manifestó que si devolvía el agua al oasis él se daría el castigo convenido. Seguir leyendo CUENTOS PARA NIÑOS (segundo fragmento)

HISTORIA DEL KUNG-FU (2)

Durante la dinastía Yuan (1260-1368) un joven llamado Yen se hizo monje y tomó el sobrenombre de Chueh Yuan.

Chueh Yuan estaba muy interesado en el pugilismo chino y estudio los doce movimientos de Bodhidarma y los convirtió, mejorándolos, en 72 movimientos. Estos se esparcieron por toda la China, pero Chueh no estando aún contento de su ampliación de los movimientos, viajó por todo el continente para probar sus métodos.

Un día, de camino, presenció un ataque a cargo de un joven bruto, con un viejo buhonero (vendedor ambulante). El joven, intento darle una patada pero el viejo esquivó el golpe y tocó el pie del joven con dos dedos de su mano derecha. El joven bruto cayó al suelo inconsciente.

Chueh Yuan quedó muy impresionado por lo que había hecho el anciano, habló con él y pronto se hicieron amigos.

El viejo se llamaba Li Ch’eng .

Li contó a Chueh Yuan que él no tenía grandes conocimientos de pugilismo, pero le presentó a su amigo Pai Yu Feng de Shansi, maestro de gran renombre en numerosas provincias. Pai Yu Feng, tenía entonces unos 50 años, era de talla media, carácter enérgico y de gran inteligencia.

Cuando Chueh Yuan, Li Chéng y Pai Feng se encontraron reunidos, dieron sus opiniones y sus puntos de vista sobre el pugilismo. Los tres marcharon al monasterio del shaolin y convirtieron los doce movimientos de Bodhidarma y setenta y dos de Chueh Yuan en 170 movimientos que son el fundamento del Shaolin actual.

CUENTO PARA NIÑOS

EL DESCUIDO DEL ANGELITO MODORRÍN (primer fragmento)

En el inconmensurable universo existe un equipo de angelitos encargado, al llegar la noche, de colgar todas las estrellas y de retirarlas al llegar la madrugada. El resto del tiempo estos espíritus celestes pueden dedicarlo a jugar, divertirse y dormir. Hay uno de ellos, llamado Modorrín, que tiene merecida fama de ser muy dormilón.

Y ocurrió un día que a Modorrín se le pegaron las sabanas, llegó tarde a cumplir su tarea de descolgar y guardar la estrellita del Sur, que era la que tenía a su cargo, encontrándose con que los rayos del sol habían fundido el hilo de oro que la sujetaba, y ésta se había caído.

Corrió, asustadísimo, a comunicárselo a su superior el arcángel San Gabriel, quién, muy enfadado, le impuso por castigo descender a la Tierra a buscarla.

—Y no vuelvas aquí hasta que la hayas encontrado —le exigió, severo.

Aunque reconocía el fallo cometido era merecedor de una penitencia, el angelito Modorrín argumentó que el planeta azul era muy grande y podía tardar mucho tiempo en dar con la estrella caída, y añadió que en el cielo tenían tantas que una menos no se notaría. Pero lo que consiguió con su argumentación fue aumentar el enfado de su superior.

—Escucha bien esto, irresponsable, todas las estrellas que existen son imprescindibles, desde la primera hasta la última, pues la falta de cualquiera de ellas descompone el orden de la galaxia a la que pertenece. ¿Lo tienes claro ahora?

Modorrín, que se caracterizaba por ser bastante rebelde, quiso saber:

— ¿Qué es lo que puede pasarme si me niego a bajar a la Tierra a buscarla?

—Pues que te quitaré las alas y tendrás que ir a todas partes andando. Seguir leyendo CUENTO PARA NIÑOS

HISTORIA DEL KUNG-FU (1)

 

HISTORIA DEL KUNG-FU

De las muchas tradiciones y leyendas sobre el origen del Kung-fú, la más aceptada actualmente es la que establece que el Kung-fú proviene del monasterio de Shaolin.

Se cree que, en el año 500 D.C., un hindú, vigésimo patriarca de la india fue responsable de la introducción de lo que tiempo después sería el Kung-fú.

A este patriarca se le conoce por “Bodhidarma”.

Según cuenta la leyenda, Bodhidarma fue un príncipe, hijo de Suganda, de la región de Madras, perteneciente a la casta de los guerreros.

Bodhidarma se educó en el budismo basado en la técnica de “dyana” enseñada por el maestro prajnatara.

A la muerte de este y siguiendo sus deseos, abandonó la india, atravesando el Himalaya. Después de muchas penalidades llegó a la China con el Budismo “Chan”.

Bodhidarma llegó a Cantón y poco tiempo después se entrevistó con el emperador Wu de Liang, gran admirador y seguidor del budismo.

Al emperador Liang no le agradó el chan por lo desquiciado y áspero de su método. Despedido por el emperador, se dirigió al monasterio Shaolin de Soog Shan en la provincia de Honan, instalándose en el templo de Chor Jo Um.

Bodhidarma era un hombre exigente, de mirada profunda y penetrante; de modales bruscos y desafiantes.

Empezó a enseñar sus prácticas budistas a un grupo de novicios y viendo cómo caían dormidos durante sus lecturas, les enseño 12 movimientos y 24 ejercicios musculares llamados Eki Kinkyo.

Estos movimientos servirían para que adquirieran un fuerte cuerpo y una sólida capacidad de concentración.

Los movimientos estaban basados en 12 animales: el águila, el Rocho, el ganso feroz, la grulla, el dragón, el fénix, el oso, el chi-lin, el tigre, el leopardo, el mono y la serpiente.

Los monjes empezaron a practicar los ejercicios en las mañanas y el entrenamiento cotidiano les dio un cuerpo robusto y lleno de salud.