EL MISTERIO LÁCTEO (último fragmento)

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Minutos más tarde Lacterina llega junto a sus ansiosas y preocupadas compañeras y, sin dilación, las hace partícipes de lo que ha organizado para que todas las de su especie escapen de la masacre que las amenaza. Al escuchar tan esperanzadoras nuevas, ellas recuperan inmediatamente el optimismo y la alegría perdida. Y corretean, lanzan al aire jubilosos mugidos. Consiguen despertar, sobresaltar, a José y María, que asomándose a la ventana de su dormitorio descubren con ojos desorbitados de asombro a sus lecheras dando saltos de contento y embistiéndose juguetonas, para a continuación empezar a comer con voracidad, dispuestas a recuperar el alimento perdido.

La repentina recuperación de salud que muestra su ganado llena de gozo al matrimonio ganadero que se pone a bailar de felicidad, alocadamente, al ritmo de un vals que ambos tararean. ¡Qué suerte! ¡Qué felicidad! ¡Ha desaparecido su amenaza de ruina! Les invade una oleada de reconocimiento.

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EL MISTERIO LÁCTEO 2º fagmento

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Una luna esplendorosa, con rayos de plata, alumbra su camino al tiempo que la procura una sombra caricaturesca. El retumbo de las pezuñas de la vaca chocando contra el duro tambor del suelo asusta a un ratoncillo gordo y medroso que huye veloz dejando sin cena a un mochuelo con la juventud ya perdida. Desde la alta rama del alcornoque donde está apostada, la veterana rapaz nocturna abre aún más sus grandes, redondos ojos, para echarle a la productora de leche una mirada de profundo enojo. ¡Vaca inoportuna! ¡Pues no acaba de dejarla sin cena! Grillos y ranas interpretan, monótonos e incansables, la única, eterna partitura que conocen. Tres murciélagos se alimentan al tiempo que dibujan en sus vuelos misteriosos garabatos, contra la grisácea pizarra del cielo.

Lacterina llega por fin junto al cercado detrás del cuál se hallan los toros de lidia. Dos de ellos advierten su presencia y lanzan al aire sus mugidos de aviso. Los oye Invencible, el rey de la dehesa y alza presto su espléndida y altiva cabeza. Descubre a la visitante, abandona el pesebre y todavía rumiante, se encamina majestuoso, seguro de sí mismo, hacia donde se encuentra aquélla. Seguir leyendo EL MISTERIO LÁCTEO 2º fagmento

EL MISTERIO LÁCTEO (1er. fragmento)

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Junto a la estrecha, deteriorada carretera que atraviesa el Valle Morales, un cortijillo de mala muerte lleva más de un siglo sobreviviendo a los continuados ataques del inexorable paso del tiempo. En sus vetustos, castigados muros, innumerables desconchaduras delatan los cientos de capas de cal con que han sido maquillados a lo largo de su dilatada existencia. Un portalón antiguo, de gruesas medio carcomidas maderas atravesadas por enormes clavos cabezones en progresivo estado herrumbroso, defiende su entrada principal. A ambos lados de la misma se alinean, como soldados bien disciplinados, dos filas de macetas que se adornan de esplendorosas flores todas las primaveras. Corona esta añosa construcción un tejado de ondulantes, requemadas, musgosas tejas, en lo alto de las cuales tiene su coto de caza Chocolate, un gato de pelaje castaño que sabe aguardar, paciente, inmóvil, medio entornada la verdosa y astuta mirada, al pájaro incauto que le permita ejercitar su extraordinaria pericia cinegética y aliviar, de paso, el hambre. Abajo, en el porche, a la sombra de una enmarañada enredadera, sentados alrededor de una mesa de madera cuyo tablero exhibe sus venosidades en relieve, logradas a base de mucho estropajo y lejía, están José y María, matrimonio todavía joven y sin hijos —por mala voluntad de la naturaleza, pues ellos bien que tratan casi todas las noches, desde que se casaron, de lograr descendencia—. Seguir leyendo EL MISTERIO LÁCTEO (1er. fragmento)