Archivo de la categoría: Microrrelatos

COSAS DE ENAMORADOS (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Un parque oasis de verdor y calma dentro de una populosa ciudad. El cielo densamente nublado. Humedad en el aire todavía adormecido. Poca gente paseando. Una parejita camina sin prisa, acompasando sus pasos, destellos de embeleso en los ojos mutuamente presos.
Se detienen, cautivas las miradas.
—¿En que piensas? —quiere saber ella, coqueta.
—En darte mi paraguas —ofreciéndoselo él con pícara sonrisa.
—¿Por qué? —sin cogerlo.
—Por si quieres guarecerte de la lluvia de besos que voy a darte.
—El paraguas guárdatelo —burbujeándole a ella la risa en la garganta—. ¡Vamos! Quiero que esa lluvia de besos me empape toda.
Se abrazan y unen sus bocas incendiadas de amor y de pasión. El paraguas, a él, se le cae al suelo. Un vagabundo aprovechando que ambos jóvenes están ausentes de la realidad se lleva el paraguas. Él vive en otra realidad diferente a la de los dos enamorados: la realidad de su pobreza.
Un rato más tarde, cuando comienza a llover, el joven del paraguas se acuerda de él y se pregunta cómo es que ya no lo tiene más. Los dos jóvenes se toman de la mano y, riendo alocadamente, corren a guarecerse en una glorieta donde en verano, bandas de música dan conciertos. Y una vez allí siguen besándose. Nada alterará su ardiente pasión.
A varios cientos de metros de distancia de ellos, un vagabundo se protege de la lluvia que cae debajo de un paraguas que, muy recientemente, ha pasado a ser suyo.

EL PEQUEÑO CIRCO MORALES TENÍA UNA ATRACCIÓN MUY DIVERTIDA (microrrelato)


(Copyright Andrés Fornells)
El circo Morales lo componían un matrimonio y dos hijos varones. Los cuatro iban de pueblo en pueblo ganándose honradamente, con su arte circense, el sustento. Cambiando todo el tiempo de disfraces hacían de payados, de lanzadores de cuchillos, de equilibristas, de tragasables y de magos sacando palomas de las chisteras que, de muy buena gana se habrían comido por lo mal que andaban económicamente. Pero el número que más divertía al respetable era el que realizaban con un burro, al que llamaban “Nerón”, vestían de gitana y paseándolo por delante del respetable le decían:
—Vamos, Nerón, escoge entre los espectadores a la chica más guapa de todas.
El animal recorría con la vista todo el medio círculo que formaban las gradas abarrotadas de espectadores, llegaba al final, retrocedía y deteniéndose delante de una joven hermosa comenzaba a enseñarle la lengua y a dedicarle parpadeos seductores, provocando con ello se desternillase de risa el respetable.
Después le ordenaban que buscase al hombre más feo de entre todos los asistentes, y el animal terminaba deteniéndose delante de uno que lo era en gran medida, y se ponía a rebuznar escandalosamente con lo cual la gente se reía más y mejor.
En un pueblo llamado Corraleja fue donde más y mejor se rio la gente pues Nerón escogió como el más feo de todos los espectadores al alcalde, quien, careciendo de todo sentido del humor, nunca más autorizó al pequeño circo Morales actuar en su municipio.
Escarmentados por este hecho, antes de permitirle a Nerón escoger al hombre más feo de los espectadores, preguntaban si entre los asistentes se hallaba el primer edil. Y si les respondían afirmativamente, solo permitían al asno hacer la elección de la chica más bella.

LE QUITARON LA VIDA A UN ÁRBOL (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
La llamaban la Colina del Pino, por un árbol de esta especie que era el único que continuaba vivo en aquella elevación de terreno y podía ser visto desde cualquier punto del pequeño pueblo de Corraleja.
Este hermoso árbol que, en los días claros recortaba su verde silueta contra el azul del cielo, fue sentenciado a muerte cuando un multimillonario decidió que, si construía una mansión allí en lo alto de aquella colina tendría una magnifica vista de la extensa y fértil vega y de la mar al fondo.
Entonces el hombre muy rico, que solo concedía valor a las cosas que él valoraba, compró la colina y ordenó a un leñador cortase el último árbol que allí existía.
—Córtelo de manera que su leña pueda servirnos para quemarla en la gran chimenea que construiremos en el salón. Desaprovechar lo que puede aprovecharse, es de estúpidos —sentenció el ricachón creyéndose muy sabio.
Con la desaparición de aquel árbol perdieron los caminantes el disfrute de la sombra que les regalaba los días de calor, los niños la diversión de trepar por sus ramas, una familia entera la ayuda económica que sacaba de sus piñas y un buen número de pájaros quedó sin hogar.
La población de Corraleja cuando la mansión estuvo terminada no experimentó admiración sino aborrecimiento hacia este lujoso edificio porque les había dejado sin el entrañable pino que habían contemplado sus ojos desde la niñez.
Cuando años más tarde la ostentosa mansión fue pasto de las llamas, alguien extendió por aquella región la leyenda de que la había destruido un rayo amigo del pino centenario, pretendiendo con ello vengar su muerte.

ÉL NO ERA UN HOMBRE COMO LOS DEMÁS (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Su aspecto y vestimenta no era diferente a la de cualquier joven de su época. Vestía con sencillez y no lucía su persona ostentación de joya alguna. No llamaba la atención de la gente voceando como un vendedor de baratijas. Hablaba reposado, en un tono cautivador. Las palabras que brotaban de la generosa fuente de sus labios eran tan sabias, tan prodigiosas, que sanaban a los enfermos que iban dirigidas.
La gente las escuchaba embelesada. La gente veía la infinita bondad que irradiaban sus ojos y creía, sin albergar la menor duda, cuánto les decía, y sentían mirándole, escuchándole y presenciando los milagros que realizaba que la bondad suprema existía en Él. Y por eso aceptaban que decía la verdad cuando Él aseguraba que era el hijo que Dios Padre enviado a la Tierra para redimirles de sus pecados y salvar las almas de los hombres que creyesen en Él y en su padre.
Pero fueron pasando los siglos, muchos hombres perdieron todo interés por la historia antigua y la despreciaron y olvidaron. La arrogancia, la ignorancia y la codicia se adueñó de ellos, y dejaron de reconocer que todos los hombres son hermanos, y por esa causa se destruyeron y siguen destruyéndose los unos a los otros. ¿Regresará para salvarles de nuevo, antes de que sea demasiado tarde, aquel hombre sencillo, milagrero, hijo de Dios Padre que ya les salvó una vez?

QUERÍA AVERIGUAR EL MISTERIO DE LA VIDA (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Marcelino había sido un niño normal hasta que en el colegió le enseñaron a leer, pues a partir de haber adquirido este conocimiento todo su interés lo centró en los libros. Los leía a todas horas y en cualquier parte. Sus padres y educadores llegaron a considerarlo una obsesión perjudicial para su salud y le escondían todos los libros que llegaban a su poder. Para poder continuar leyendo, en cuanto podía, aquel niño insaciable lector se metía en la Biblioteca Municipal y devoraba un par de libros diarios.
La bibliotecaria, señora Asunción Perales, comentaba llena de asombro:
—Es un niño al que nunca puedes arrancarle una sola palabra que no sea: Hola y Adiós. Al ritmo que va, antes de transcurridos diez años se habrá leído todos los libros que contiene nuestra humilde biblioteca.
Y no se equivocó en su juicio. Cuando Marcelino alcanzó la edad de quince años leyó el último libro existente en la biblioteca y dijo dando muestras de una profunda decepción:
—No voy a leer ni un solo libro más. No he conseguido, con tanta lectura, desentrañar el extraordinario misterio que encierra la vida.
Y para asombro de cuantos le conocían, aquel, hasta entonces insaciable lector, no volvió a leer un solo libro más. Pero lo que ya llevó al paroxismo del asombro a todo el mundo que le conocía fue el prodigio de haber creado él solito, en el sótano de su casa una nave espacial con la que salió volando y se perdió en el cielo.
Los más fantasiosos y optimistas aventuraron que, finalmente Marcelino se había salido con la suya, había conseguido descubrir el misterio de la vida, y se lo había guardado para él, cometiendo con ello la imperdonable crueldad de que los demás seres humanos no pudiesen disfrutar de ese extraordinario descubrimiento suyo.
Un científico amigo me ha asegurado que el misterio de la vida se descubrió hace millones de años, cuando se unieron los órganos sexuales de un macho y de una hembra.

LA COMPASIVA PURI (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Durante mi dorada época de Instituto. La he calificada de dorada porque fue un tiempo extraordinario para mí, pues me permitió descubrir y leer a grandes escritores, mantener con los compañeros apasionadas discusiones sobre mil temas diferentes, experimentar enamoramientos tan súbitos como explosivos, y desengaños inesperados y “desgarradores”.
En nuestro primer curso, Alonso, mi mejor amigo, y yo nos enamoramos de la misma chica: Puri Gómez. Puri Gómez poseía una risa tan musical y voluptuosa, que por el placer de escucharla, Alonso y yo realizábamos estupideces tan notables como caminar cabeza abajo, detener el tráfico para que cruzase la calle un perro asustado, o escribir en la pizarra de clase: “Por un beso de Puri Gómez me estaría saltando a la comba un día entero”. “Si Puri Gómez me lo ordenase, yo me casaría con la profesora de lengua”. Este último escrito consiguió que el aula entera se tronchase de risa, pues la profesora mencionada era más fea que Frankenstein con peluca gris. La profesora, que se llamaba Encarna Montesinos, debió sospechar que esto lo había escrito Roberto, el tío más guapo de la clase, pues le ordenó borrarlo y el resto del curso le hizo la vida imposible.
Mi amigo Alonso era muy temperamental. Un día a la salida del instituto suplicó a Puri que el domingo por la mañana fuese a verle jugar al futbol. Él jugaba de extre-mo para el Caja Palmira y le prometió hacer un gol y dedicárselo. Ella le dijo que no iría a verle jugar, pues se había comprometido conmigo en ir ambos a la granja de mi tío Anselmo donde yo le enseñaría los preciosos conejitos blancos que tenía este gran-jero pariente mío.
Alonso cogió una de sus estúpidas rabietas y le dio un puntapié al tronco de un olmo que ambos tenían cerca, y se rompió el pie.
Yo fui uno más de los que le llamamos estúpido por haber realizado tan estúpida acción. Tuve que tragarme mis palabras. Compadecida de él, Puri le acompañaba todas las tardes.
Cometí con él una injusticia debido a la envidia que me corroía por dentro, y que fue pregonar que Alonso se había roto el pie expresamente para conquistar a Puri con el infalible truco de la compasión.
Cuando a Alonso le quitaron la escayola y comenzó a usar su pie, Puri empezó a salir con Roberto, el guaperas que no tragaba la señorita Encarna, profesora de lengua. Y mi amigo me comentó un día, con infinita amargura:
—La muy estrecha de Puri a mí nunca me dejó besarla en la boca ni siquiera en el oscuro portal de mi casa, y con ese imbécil de Roberto se besa en la boca hasta en lugares donde todo el mundo puede verlos.
Al final del curso, Puri y Roberto habían roto. No nos importó. Tanto a Alonso como a mí, Puri había dejado de interesarnos. El mor duradero, ambos tardaríamos aún bastante tiempo en conocerlo.

ELLA AMABA MUCHÍSIMO A SU MADRE (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
A Cefe Rincón le gustaba de Anita López, todo menos el extraordinario culto que ella le demostraba a su madre muerta iba ya para cinco años.
—¿Me vas a llevar al cementerio o he de coger un taxi? —le dijo ella cogiendo el abrigo de la percha del armario donde estaba colgado.
—Hoy es domingo y hace mal tiempo —recordó él retorciéndose nervioso las manos, intentando refrenar el enfado que le crecía como cizaña en campo abonado.
—Por eso quiero ir al cementerio, porque es domingo. El resto de la semana no puedo ya que trabajo durante todo el día —mirándole a la cara, desafiante.
—Es que te pasas, cariño. Podrías ir a visitar la tumba de tu madre una vez al mes. No creo que a ella le importase.
—¡Que sabes tú de esto!—al borde de la indignación—.Yo sé muy bien lo que le importa o no le importa a mi madre a la que ni siquiera has conocido. Voy a llamar un taxi —sacando el móvil del bolsillo de su chaqueta.
—No, no; te llevo yo —Cefe previendo las negativas consecuencias que para él tendría el enojo de ella.
Las próximas palabras de Anita se lo confirmaron:
—Porque a ti te viene de capricho tenemos que hacer el amor todos los días, pero yo no puedo visitar la tumba de mi santa madre una vez a la semana porque tú lo consideras abuso, en cambio lo de abusar todos los días de mi cuerpo, no te lo parece, ¿eh? Pues mira lo que te digo…
—No se hable más, cariño. Venga, vamos al cementerio. Y ponte el chubasquero en vez del abrigo que está a punto de llover. Yo me llevaré el paraguas por si acaso.
Cefe llevó a Anita al cementerio, pagó las flores que ella escogió de la floristería situada a la puerta del camposanto, y aguantó resignadamente debajo de un paraguas que le cubría mal y se mojaba, el diluvio que le echaron encima las negras y generosas nubes. Y es que cuando un hombre está más enamorado de la mujer con la que mantiene relaciones amorosas, de lo que ella lo está de él, tiene siempre las de perder.

LA MENTIRA ESTÁ EN EL AIRE (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Tino García cuando entró en su casa todo ojeroso, despeinado y con un agotamiento tan grande encima que apenas se mantenía en pie, se encontró a su padre esperándole en el salón. Antes de que éste le dirigiera la mirada por la posición de su cabeza y la fuerza con que tenía cerrados los puños, fueron signos suficientes para él sospechar la que iba a caerle encima.
—¿De dónde vienes a estas horas de la mañana? —le dijo su padre clavando en él sus ojos centelleantes de ira.
Con la esperanza de que pudiera valerle de algo —respondió el adolescente, esforzándose en sonar creíble:
—Vengo de casa de Pipo. Ya os lo dije, durante la cena a ti y a mamá que pasaría la noche en su casa trabajando en ese proyecto del instituto.
—¡Eso es mentira! —cortó furioso el padre.
—Bueno, si no quieres creerme… —con precaución el muchacho intuyendo lo que pasaría a continuación.
—Llamé a casa de Pipo y su padre me dijo que su hijo le había dicho que venía a nuestra casa a realizar ese proyecto. Me revienta que me mientas. Puedo perdonarte cualquier cosa menos que me mientas —severísimo.
El hijo se armó de valor y sosteniéndole la mirada a su padre argumentó:
—La mentira está en el aire, papá, y es imposible no respirarla y vomitarla.
Su hijo nunca se le había enfrentado tan abiertamente como en este momento. El que decidió acto seguido mostrarse precavido fue el padre:
—¿Qué quieres decir con eso?
—Pues me refiero a esas reuniones tuyas de negocios que, en realidad pasas en un hotel con tu bonita secretaria.
El padre palideció lo mismo que su hijo un momento antes.
—No me mientas más. No me gusta, ¿vale? —con nula severidad ya—. Tu madre ha ido a misa. Cuando vuelva procura haberte inventado una mentira creíble, ¿eh?
El adolescente sonrió con malicia:
—Algo haré, papá, déjalo de mi cuenta. Voy a ver qué desayuno. Estoy muerto de hambre.
El padre respiró hondo reconociendo en su fuero interno que ciertamente la mentira estaba en el aire y era imposible no respirarla y vomitarla.

A SU VIDA LE FALTABA TERNURA (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Ella era una buena mujer y una buena esposa. Cuidaba, con esmero, de la casa y de su marido. Ella creía tener motivos para ser feliz. Su marido la respetaba, agradecía sus esfuerzos y desvelos para que él tuviese una existencia cómoda y satisfactoria.
Pero mientras ella creía ser feliz, su marido estaba convencido de que él no lo era. Y no era feliz porque a ella, fiel seguidora de la religión católica, hija de padres fanáticos creyentes la habían inculcado, desde muy niña, sus creencias.
Él no era feliz porque ella era una mujer reprimida que nunca empleaba con él caricias, que consideraba que el amor solo debía practicarse con fines procreativos, mientras él era agnóstico y apasionado.
Él había pensado muchas veces en abandonarla, en huir de ella, pero no era capaz de hacerlo porque le haría un daño extraordinario y ella no lo merecía debido a lo buena persona que era.
A veces cuando la necesidad de ternura sexual se le hacía insoportable, él buscaba un rincón en el jardincito de la casita adosada en la que vivían y, de espaldas a la vivienda en cuyo interior estaba ella atareada en algo (pues era muy diligente), dando gracias por los dones que recibían de parte del Todopoderoso, lloraba su infelicidad, una infelicidad irremediable porque la buena de su mujer no era merecedora de que él le causara desdicha aunque, por causa de ella, fuese él desdichado.
La bondad, en muchas ocasiones, suplanta, injustamente, los lazos afectuosos que deberían pertenecer al amor.

ELLA REGRESÓ A CASA (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Aniceto acudió a la puerta que su mujer acababa de abrir. Ella empujó su maleta dejándola delante de él y, risueña, cariñosa y cínica le preguntó:
—Hola mi amor, ¿cómo estás?
—Voy tirando, ¿y tú? —sarcástico él, reponiéndose de la sorpresa que su aparición acababa de causarle—. Tú que te marchaste de casa anteayer con tu amante secreto mientras yo estaba en el trabajo, llevándote contigo el poco dinero que teníamos ahorrado, el rosario de plata de mi madre y el doblón de oro que había pertenecido a mi familia desde hacía doscientos años, tienes la enorme desvergüenza de parecer de nuevo, como si tal cosa —le reprochó su indignado marido.
—Me ha hecho regresar el arrepentimiento —confesó ella con lágrimas en los ojos—. Todo lo que me llevé lo he traído de vuelta. Debes tener el buen corazón de personarme. Todos cometemos errores. Tuve un momento tonto. Nadie es perfecto. Me entraron dudas sobre tu amor por mí y pensé que un par de días separados nos haría mucho bien a los dos. Ese breve espacio de tiempo a mí me ha valido para darme cuenta de lo muchísimo que te quiero, para darme cuenta de que no puedo vivir sin ti. ¿Te preparo algo de cena, mi amor? —toda solícita, melosa ella.
—Ya he cenado —seco él.
—Prepararé algo para mí entonces. Estoy hambrienta. ¿Pero que estás haciendo, cariño?
Su esposo había cogido la maleta de ella, que le siguió hasta el pasillo. Anacleto la dejó allí y le dijo contundente y vengativo:
—¡Lárgate con viento fresco que no quiero verte más! ¿Ha sido la Encarna, tu cuñada la que te ha dicho que me han tocado cinco millones en la bono-loto, ¿verdad? Quédate a vivir con ella o con el guarro que te fugaste. Conmigo no te quiero más. Adiós para siempre.
Y el marido traicionado cerró la puerta riéndose con todas sus ganas, recordando una de las sentencias favoritas de su santa madre: “El que ríe último, ríe mejor”.