Archivo de la categoría: Mis viajes alrededor del mundo

Relatos sobre mis numerosos y fascinantes viajes por países exóticos

EL MONO Y LA SIRENA (leyenda camboyana) –VIAJES–


(Copyright Andrés Fornells)
Camboya es un país de Asia cargado de leyendas que van pasando de padres a hijos. Aquí dejo testimonio de una de esas leyendas que me contaron durante mi estancia entre los risueños y amabilísimos camboyanos.
Hubo una vez un príncipe que estaba casado con una princesa cuya extraordinaria hermosura maravillaba a cuantos la veían. Un día esta hermosa princesa fue secuestrada por un enemigo. Su marido, que mantenía una estrecha amistad con el general del ejército de los monos, le pidió ayuda. El general de los monos, cuyo nombre era Hanuman, reunió a su ejército y elaboro un plan para rescatarla, que consistía en construir un puente sobre el mar y por medio de este puente llegar a la tierra donde tenían retenida a la princesa. Una vez allí lucharían, derrotarían a sus captores y la llevarían de vuelta a su reino.
Bajo las órdenes de Hanuman, los simios comenzaron la titánica tarea de ir colocando pesadas piedras en el mar, una encima de la otra, con la intención de construir el puente planeado; pero pronto se dieron cuenta de un hecho sorprendente, desconcertante. Cada vez que iban a colocar una piedra nueva, descubrían que la piedra anterior había desaparecido. Esto ocurrió una y otra vez y al final, desesperados, fueron a comunicarle a su general este exasperante fenómeno.
—¡Qué raro es todo esto! —dijo Hanuman —. Voy a ocuparme inmediatamente de descubrir que está sucediendo.
Reunió a los mejores nadadores de su ejército y todos se sumergieron en el agua, no tardando en descubrir que un grupo de sirenas llevaban mar adentro las rocas que ellos habían colocado, arruinando de este modo su inteligente proyecto.
Nadaron detrás de ellas que estaban capitaneadas por Sovann Macha. Hanuman consideró una acertada estrategia capturar a la reina de las sirenas y convencerla de que ni ella ni sus compañeras debían destruir el puente que ellos habían comenzado a construir. Y astutamente la persiguió sin que ella se diera cuenta y cogiéndola por sorpresa logró rodearla con sus brazos e inmovilizarla. Sovann Macha se puso muy furiosa y se debatió con tanta fuerza que consiguió soltarse de él.
Y a partir de aquel momento ambos jugaron al escondite entre las rocas del fondo. A Sovann Macha no tardó en pasársele el enfado y empezó a reír, divertida, porque era mucho más diestra que Hanuman. Y entonces ocurrió un hecho extraordinario; viéndola tan grácil y hermosa, el general de los monos se enamoró perdidamente de la reina de las sirenas, y a partir de aquel momento en lugar de atacarla se dedicó a cortejarla. Y fue tan encantador, tan diestro en esta gozosa tarea, que ella también se enamoró de él. Y entonces cambió totalmente de actitud, pues ordenó a sus compañeras que en lugar de destruir el puente, ayudaran a los monos a construirlo.
Y pasado algún tiempo el puente estuvo terminado, el ejército de los monos pudo rescatar a la princesa y devolverla a su marido y ambos volvieron a ser muy felices.
El baile que Hanuman y Sovann Macha realizaron dentro del agua, primero persiguiéndose y después cortejándose, es representado en algunas fiestas camboyanas.
Quien me narró esta antigua historia, resultó que desconocía el nombre del príncipe cuya esposa fue raptada y también el nombre de ella. Al parecer los protagonistas favoritos del pueblo eran el general de los monos y la reina de las sirenas.

INDIA: SUS CALLES Y SUS VACAS SAGRADAS (Mis viajes alrededor del mundo)


(Copyright Andrés Fornells)
Alguien que conocía muy bien la fascinante India, dijo de este pobladísimo país (1. 324 millones de habitantes), que es el mayor teatro al aire libre del mundo. Paseando por las calles de Bombay (Mumbai para los nativos) puede uno encontrarse barberos, sacamuelas, encantadores de serpientes, santones predicando, mujeres embelleciendo el conjunto con sus saris y velos de vivos colores y, para no extenderme más, vacas sagradas. Las vacas sagradas lo tienen todo sagrado menos el hocico. Y es que esta parte de su anatomía, según una leyenda muy antigua, la castigó uno de los dioses más importantes del Hinduismo por haber intervenido este animal en un litigio a favor de un dios muy importante y en contra de otro dios hindú que no lo era menos.
Gracias a este favorable castigo los verduleros hindúes pueden alejar a las vacas a golpes (yo los he visto arreárselos a partes que duelen incluso más que en los hocicos) cuando se acercan a sus puestos a perjudicarles pretendiendo comerse gratis sus productos.
Las vacas viven en absoluta libertad dentro de las ciudades y se permiten realizar actos incívicos que les serían castigados a los humanos. Pueden tenderse en mitad de la calzada obligando a todos los vehículos y personas a no causarles daño alguno, o realizar el mismo capricho en una acera obligando a todos los viandantes a bajar de la misma corriendo el peligro de ser atropellados por verse forzados a meterse en terreno destinado al tráfico, por cierto increíblemente caótico pues todo el mundo que circula por las calles de cualquier ciudad hindú tiene derecho a ir por la izquierda, por la derecha y por el centro. Y lo más asombroso es que a pesar de esta falta de normas, a base de bocinazos y algún que otro grito, consiguen los conductores de vehículos que haya menos accidentes que en otros países con normas de tráfico muy bien estudiadas y estrictamente cumplidas.

ENCANTADORES DE SERPIENTES (MIS VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Se calcula que en la actualidad existen en la India unos 300.000 encantadores de serpientes. El gobierno hindú pretende quitarlos de la circulación. Está en vigor una normativa india aprobada en 1972 que prohíbe tener serpientes como animales domésticos. Debido a esta prohibición, los sapwalas no están ya más visibles en los lugares céntricos ofreciendo su espectáculo a los turistas, sino que actúan en lugares más discretos donde no suele molestarles la policía. Pero los saperas (como se los llama también) están en contra de las autoridades que son cada vez más exigentes con el cumplimiento de la ley. Ellos alegan que es su único medio de vida. Y el gobierno tampoco les ofrece ninguna otra alternativa. Algunos de estos encantadores de serpientes son, en contra de lo que puede pensar la mayoría de la gente, músicos bastante buenos. También hay alguna mujer que ejerce este antiquísima actividad. El promedio de serpientes que necesitan por año estos encantadores se calcula que son unas siete. Puede que en su totalidad parezcan muchas, pero no es así ya que sigue habiendo muchísimas y causando muertes de personas todos los años.
Tan abundantes son todavía los ofidios que en la última visita que hizo el presidente Bush a la India, tuvieron que contratar a sapwalas para prevenir que alguno de ellos apareciera por el sitio donde el primer mandatario norteamericano iba a dar su discurso.
Todos estos tradicionales artistas callejeros suelen llevan con ellos una cesta con un par de serpientes naja dentro, un tumarit (flauta), y un morral que contiene algunas ratas y huevos, que son los alimentos que suelen darles a sus reptiles.
Su forma de actuar consiste en tocar la flauta después de haber abierto la tapa de la
cesta. Las serpientes saltan fuera de su escondite, se yerguen majestuosamente frente al domador meciéndose con lentitud al compas de la música y los movimientos de su flauta. Las serpientes son sordas, pero al parecer captan ciertas vibraciones.
Algunos encantadores permiten que los ofidios se enrosquen alrededor de su cuello.
Terminada la actuación les dan de comer. El secreto de que no los muerdan, dicen algunos de los encantadores que es debido a que las serpientes los respetan. Mientras que otros aseguran que se van inmunizando de niños inyectándose una pequeña cantidad de veneno. Y unos terceros afirman que hacen a las najas morder cosas blandas para que dejen el veneno en ellas. También emplean los sapwalas el truco de cambiar hábilmente la cobra inicial por una serpiente que no es venenosa. Y finalmente he escuchado que algunos encantadores se ponen en la corva de alguna de sus piernas una ramita de una planta cuyo olor es parecido al de la pimienta y que desagrada tanto al reptil que lo mantiene a distancia.
Yo no voy a argumentar si existe o no algo mágico en el trabajo que realizan los encantadores de serpientes, pero si defiendo que corren riesgos y que demuestran un valor, una habilidad y un conocimiento de los hábitos de los reptiles que merecen ser reconocidos. Dhanyavaad (gracias)

BOMBAY Y SUS COMERCIANTES (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

(Copyright Andrés Fornells)
Bombay (Mumbai para los hindúes) es la capital del estado federal de Maharastra. Su nombre, según algunos estudiosos, deriva de la diosa local Mumba Devi, aunque también otros defienden que el nombre proviene de la palabra portuguesa bom bahía. Los defensores de la primera teoría y los defensores de la segunda no se ponen de acuerdo en este punto. Mumbay se encuentra situada en las costas del mar arábigo. Es la ciudad portuaria más importante del subcontinente, el principal centro económico de la India y alberga a la mayor industria cinematográfica del mundo. Cuenta con numerosas universidades, teatros, museos y galerías.
En esta enorme ciudad se hablan alrededor de 200 lenguas y dialectos. La lengua más hablada es el maratí que la utiliza casi el cincuenta por ciento de la población. Los individuos de las clases altas dominan el inglés, y la gente de la calle que intenta vivir de los turistas lo chapurrea lo suficiente para entenderse en aquello que les interesa. Y una de las cosas que les interesa es llevar turistas a las tiendas que les dan comisión por traerlos.
A los buenos vendedores hindúes les apasiona el regateo. Siempre salen ganando porque pueden pedir mil por un objeto que vale diez, y cuando el comprador considera todo un triunfo haberlo conseguido por quinientos, sigue comprando carísimo, sin él saberlo. Estos vendedores hindúes (especialmente los joyeros) son extraordinariamente astutos y teatreros. Pueden mostrarse tan compungidos por el precio que has conseguido acordar con ellos, que casi te convencen de que realmente lo están.
Si tienes la suerte de ser el primer cliente que ese día ha entrado en su negocio dispuesto a comprar, puedes conseguir el mejor de los precios, pues estos comerciantes tienen la creencia de que la primera venta siempre les trae suerte, y conceden mayor rebaja de la habitual, por conseguirla.

LEYENDA ANTIGUA ESCANDINAVA (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Dice una leyenda muy antigua, que en la época en que el rey Gylfe reinaba en Suecia, llegó a visitarlo una mujer de rara hermosura. Se llamaba Gefjon, era diosa y vidente. Todas las mujeres que morían vírgenes eran enviadas a ella que las convertía en siervas suyas, pues Gefjon era diosa también de la virtud y de la fertilidad. Su esposo era el rey Skjöld, hijo de Odinn. Muchos legendarios reyes daneses alegaron ser descendientes de la diosa Gefjon.
El rey Gylfe fue seducido por la belleza de la diosa Gefjon y por la dulzura y armonía de su canto. Después que ella hubo permanecido durante varios días en Palacio, este monarca le preguntó qué deseaba que le ofreciera él en prueba de gratitud por el placer que le había procurado con su presencia y con su extraordinario canto.
Al parecer esta conversación tuvo lugar en una habitación de palacio mientras ambos personajes brindaban con copas llenas de hidromiel (una bebida alcohólica fermentada a base de agua y miel, tan antigua que ya era nombrada en los versos del Rig Vedá, compuestos 1.700 años a.C.)
En cierto momento de esta conversación la diosa Gefjon dijo:
—¡Oh ilustre señor!, grande es la fama de tu generosidad. Quiero pedirte una parte de tus tierras. Poca cosa. No temas que vaya a mutilar tu reino; quiero sólo el trozo que yo pueda labrar durante veinticuatro horas con la ayuda de cuatro bueyes.
El rey Gylfe contestó, demostrando que era justificada su fama de desprendido:
—¡Oh, diosa! Ciertamente es muy poco lo que me pides. Te lo concedo gustosamente.
Entonces la diosa Gefjon, que pertenecía a la familia de los Ases (dioses bienhechores escandinavos), mandó venir a cuatro hijos que ella había tenido de un gigante en el Iothunheim, cambió a estos hijos en bueyes; a continuación los unció a un colosal arado y marcó un surco alrededor del terreno que había elegido, un surco que fue tan profundo que toda la parte que rodeaba este surco fue separada del continente. Entonces la diosa unció sus bueyes a este trozo de tierra y los aguijó de modo que la arrastrasen hasta el mar. Una vez que estuvieron en la orilla, los sumergió en el agua y los llevó hasta meter el trozo de tierra en el Øresund. Y así fue como nació la isla Danesa de Selandia.
Esta leyenda es conmemorada por la Fuente Gefjon de bronce en Copenhague, esculpida por Anders Bundgaard en 1908, y podéis admirarla en el centro de la plaza que rodea el Palacio Real Amalienborg, una maravilla arquitectónica que no debe perderse nadie que visite Dinamarca.

GEISHAS, DONCELLAS DEL AMOR CON ROSTROS DE PORCELANA (I) -VIAJES-


(Copyright Andrés Fornells)
La palabra geisha proviene de los fonemas chinos “Gei” que quiere decir arte habilidad, y “Sha” que significa persona. Y eso es lo que representan las geishas: personas con habilidad en diferentes artes. El kimono que llevan se lo hacen a me-dida, y las más prestigiosas geishas poseen una variada colección de kimonos para distintas ocasiones y estaciones del año.
Las geishas modernas siguen viviendo en los okiya (casas de geishas) aunque las mas experimentadas prefieren vivir en sus propios apartamentos. La elegante y alta cultura en que viven las geishas se llama Karyukai (mundo de las flores y los sauces). Los instrumentos que tocas las geishas son el shakuhachi (flauta de bam-bú) taiko (tambor), dominan las canciones tradicionales, el baile japonés clásico, el sado (ceremonia japonés del té) el kebaha (arreglos florales), la literatura y la poesía, añadiendo a lo anterior el exquisito arte de tratar y entretener a los clien-tes.
Actualmente, Kioto mantiene todavía una fuerte tradición de geishas. Dos de sus más prestigiosos y tradicionales distritos de geishas son Gion y Pontocho. Las geishas nunca incluyen actividad sexual en sus actuaciones, aunque pueden algu-nas de ellas practicar sexo con algún cliente.
Fue tradicional para las geishas tener un donna (protector) que era un hom-bre adinerado, casado a veces y con recursos para financiar los costes del costoso entrenamiento tradicional de las geishas. Era muy habitual, especialmente tiempo atrás, que un donna comprase la virginidad de una geisha muy joven y la mantu-viera como amante hasta cansarse de ella.
Las futuras geishas estudian todo el día para pasar de oshakus (doncellas) a geishas. La disminución de geishas ha sido considerable en los últimos cien años. Se calcula que ha descendido alrededor de un 70 %.
Quienes mantienen al pie de la letra la tradición calculan el compromiso de servicio de una geisha, el tiempo que tarda en consumirse una varita de incienso.
Mucha gente fuera de Japón, sobre todo, cree que las geishas son prostitutas, y ello es debido a que chicas que sí son prostitutas se hacen pasar por geishas aprovechándose así del prestigio que mantienen estas tradicionales artistas del entretenimiento.
Tradicionalmente, las geishas permanecen solteras y suelen retirarse cuando se casan, aunque no se retiran si tienen hijos mientras ejercen su profesión.
Sus antecesoras fueron las odoriko, bailarinas de profesión. Y si nos remon-tamos muchos más años atrás llegamos las kabuki odori (bailarines de los teatro ambulantes). Estas bailarinas ya ataviadas con bellos kimonos de seda, se encar-gaban de bailar ante los samuráis, de realizar la ceremonia del té, servirles sake, y de tocar el shamisen (instrumento de cuerda, parecido a la guitarra, pero de tres cuerdas, y con un sonido muy melódico), este baile era conocido como Okuni. La gran mayoría de las kabuki odori eran en realidad hombres.
En el año 1779, las geishas fueron reconocidas como artistas protegiéndolas así de que cayeran en la prostitución. Pues la geishas sólo se encargaban de dis-traer a los hombres, con amenas conversaciones, con danza, o tocando el shami-sen, sin que entrara en ello el acto sexual. Las geishas y maikos que bailaban se denominaban tachikata, y las que se dedicaban a tocar un instrumento, jikata. Las geishas y maikos, contaban con un pacto de silencio, por lo que cualquier hombre podía estar tranquilo con respecto a que ellas guardarían para ellas cuanto se di-jera en su presencia.
En épocas pasadas las niñas eran vendidas a las okiyas, casas donde vivían todas las geishas, bajo la tutela de una geisha anciana (okami-san), a la que llama-ban okaasan (madre). La niña vendida contraía una deuda con su compradora, que devolvería con el dinero que le pagaran los hombres que solicitaran sus aten-ciones. Durante su etapa de aprendizaje la futura geisha era llamada shikomi y realizaba tareas de servicio, y recibían clases de canto, baile, modales, ikebana, ceremonia del té, shodô, y además asistían al colegio para que adquirieran una importante educación.
Después de la II Guerra Mundial fue prohibida la venta de las niñas a las okiyas. Hoy en día, las geishas y maikos que existen en Japón son por decisión propia, por su deseo de mantener viva esta tradición y son muy libres de mantener o no relaciones sexuales, así de tener un danna (amante).

NYAI LORO KIDUL, LA DIOSA DE LAS SIRENAS (viajes)


(Copyright Andrés Fornells)
Una telefonista que conocí en la bellísima isla de Java, me contó mientras tomábamos café, algo que me resultó muy interesante:
—Señor, una cosa que a usted le parecerá curiosa es que en uno de los mejores hoteles de Java hay siempre reservada una habitación con baño para la diosa del mar del sur, Nyai Loro Kidul.
No sé si sería por alguna razón supersticiosa (pues en ningún momento tuve la impresión de que pudiera estar mintiéndome) ella no quiso revelarme el nombre del hotel que realizaba este hecho tan sorprendente. Así que en lugar de cometer la descortesía de intentar sonsacarle lo que evidentemente no quería decirme, le pedí que tuviera la amabilidad de contarme la leyenda de Nyai Loro Kidul la diosa de las sirenas.
Y esto que narro a continuación es lo que conocí por boca de ella. Según una antigua creencia la diosa del mar del sur vive en las olas del Océano Pacífico y, al igual que las sirenas griegas, engaña a hombres con la promesa de bellezas inenarrables, poder, riquezas y grandeza. Y el resultado es que estos hombres engañados se ahogan delante de ella y sus cuerpos se hunden hasta el fondo del mar.
Un par de días más tarde, un guía turístico me contó que esta leyenda había sido inventada muchos años atrás para intimidar a los pescadores y que éstos no fueran a pescar a los mares del sur porque por allí venían a conquistar su país los portugueses, los españoles y los holandeses.
Y finalmente un buscador de nidos de golondrinas (nidos que estas aves construyen con algas y saliva) tuvo a bien informarme que los mencionados nidos son muy apreciados por los chinos que pagan por ellos precios exorbitantes pues les atribuyen propiedades tónicas (procuran fuerza y energía al organismo). Aparte de lo anterior, este amable javanés me contó que la diosa Nyai Loro Kidul protege a todos los miembros de su gremio y que en un lugar de muy difícil acceso existe una choza que la diosa de las sirenas visita de vez en cuando, la cual está llena de vestidos suyos preciosos. Le ofrecí una buena propina si me conducía hasta aquella misteriosa choza, pero él mirándome con cara de miedo, me respondió que no haría tal cosa ni por todo el dinero del mundo, pues no quería enfrenarse al terrible castigo que recibiría de Nyai Loro Kidul pues su morada era un lugar sagrado que a ningún extranjero le estaba permitido conocer.
Y esto es todo lo que pude averiguar de la legendaria diosa de las sirenas. Pero con diosa o sin ella, la isla de Java posee una extraordinaria belleza, sus gentes son encantadoras, amabilísimas y sonríen hasta en los entierros. Java merece muchísimo ser visitada. Ya me diréis.

ME SUCEDIÓ EN BERLIN (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Si la memoria no me falla (y como me falle la regañaré muy seriamente) fue en una plaza de Berlín donde tomé asiento en un banco desde el que podía ver el monumento dedicado a un general antiguo montado a caballo (no mencionaré su nombre para evitar la posibilidad de molestar a sus descendientes), que un hombre vino a sentarse en la parte del asiento que yo dejaba libre. No me fijé en él porque mi atención se hallaba centrada en dos palomas desconsideradas que decoraban con sus excrementos el casco que coronaba la cabeza del prestigioso, mucho tiempo atrás desaparecido, militar de alta graduación.
Saqué del interior de mi mochila, con rapidez, la cámara fotográfica con la intención de inmortalizar tan irrespetuosa acción lo cual conseguí antes de que las aves alzaran el vuelo.
De pronto el sujeto que tenía al lado, echándome una mirada de absoluta impasibilidad, más que preguntar comentó:
—Turista, ¿eh?
Para suerte mía hablo alemán, así que empleando al contrario que él un tono festivo, le respondí:
—Yo turista y usted berlinés, ¿no?
—Desde hace más de quinientos años –afirmó cargada de orgullo su voz–. ¿Sabe qué significa que el caballo de este gran héroe de nuestro país tenga una pata delantera levantada?
—No lo sé, y me gustaría saberlo –siempre con la puerta de la curiosidad abierta.
—Pues el que tenga el caballo una de sus patas delanteras elevadas significa que el personaje de este monumento murió de las heridas recibidas en combate.
—¿Y si tuviera el caballo las dos patas delanteras en el aire, qué significaría?
—Significaría que el héroe habría muerto en combate.
—¿Y si el caballo tuviese las cuatro patas en el suelo?
—Significaría que el héroe habría muerto por causas naturales.
—Y si el caballo tuviese las cuatro patas en el aire?
—Significaría que algún extranjero le habría robado el pedestal.
Sonó agresivo y queriendo yo dejarle una buena impresión mía como extranjero lo invité a un café.
—Prefiero un whisky –perdiendo él la impasibilidad.
—Eso está hecho.
Le ofrecí una sonrisa y él me devolvió otra suya. Y de esta forma tan inesperada nació una amistad que dura todavía algunos años más tarde.
(Para Heinz)

COSILLAS QUE APRENDÍ EN MIS VIAJES POR LAS SELVAS AFRICANAS (VIAJES)

CON COCODRILO
El animal más tonto de cuantos viven en el continente africano es el ñu. Cuando una manada de estos cuadrúpedos idiotas decide cruzar un río, como no cuentan con ningún líder que mejore al resto, todos siguen ciegamente al primero que se tira al agua. Me contó un testigo de este insensato hecho que en cierta ocasión presencio como el que había cogido la cabeza de la manada tomó la dirección de una parte tan profunda del río que murieron ahogados cientos de ellos por no ser capaces de alcanzar la orilla opuesta.
En África, los animales salvajes que causan más muertes (en contra de los muchísimos que deben creer otra cosa) son los enormes hipopótamos de bocas tan grandes como pistas de tenis y que bastante gente, que no sabe nada sobre ellos, encuentra simpáticos. Los hipopótamos son animales extremadamente territoriales y, si te bañas dentro de su territorio puedes encontrarte con que uno de ellos te engulle sin tan siquiera tomarse la molestia de darte las gracias ni de masticarte. Eso fue lo que le ocurrió al guía que iba conmigo y que justo acababa de decirme: “Vamos a ver si es cierto eso. Lo que no se prueba, no se sabe”.
Una creencia absolutamente falsa y muy extendida es la de que los cocodrilos después de zamparse a una víctima lloran. Vi a uno de ellos comerse a un bonito cervatillo confiado e inexperto, y al muy cabrón del anfibio no le vi soltar ni la más insignificante de las lagrimitas.
Cuando te veas cara a cara con un león, los guías africanos aconsejan no salir corriendo, y sí permanecer parado e incluso insultarles si es que te funciona la voz, pues estas peligrosas fieras están acostumbradas a que su posible comida corra y, si no corre dudan de que sea comida. Así que demuestra aplomo, valentía, inmovilidad y, si sobrevives, ya me contarás si esta práctica de la inmovilidad funciona o todo lo contrario.
Los elefantes, tan falsamente encantadores en cuentos infantiles (¿quién no gozó en la edad del moco del simpático orejudo Dumbo?), harás muy bien en salir corriendo cuando vengan a por ti pues suelen emplear su trompa con muy mala leche y no os cuento lo que podría significarle a tu indefenso piececito una pisada suya de varias toneladas de peso.
Y en el caso de encontrarte con un caníbal hambriento no pierdas el tiempo sonriéndole pues, por blanca que tengas tú la dentadura, más blanca la tendrá él. Busca su benevolencia y distracción ofreciéndole un bocadillo de jamón serrano y, si en vez de uno son dos bocadillos, mucho mejor. Recuerda que el ahíto puede hacerle ascos al manjar más suculento.
Cuando descubras la reunión familiar de un puñado de hienas no pierdas el tiempo escuchando sus carcajadas y pon tus pies en polvorosa, que es lo que hacen incluso los leopardos entregándoles sus presas cuando estos feos cánidos les enseñas sus dentaduras que son las más poderosas de todo el reino animal.
Si tienes la mala fortuna de que una boa te caiga encima y se te ponga por bufanda, (no importa si esto te acontece en la estación invernal o veraniega) es urgentísimo por tu parte que le busques el cuello y la estrangules antes de que ella te estrangule a ti. No siempre, cuando uno lo necesita, tiene un cañón a mano. Pro-cura recordarlo aunque no seas tan aficionado a la cosa bélica, como cierto ganador del Nobel de la Paz, que todos conocemos y criticamos.
Y para termina esta serie de breves, amistosas y bien intencionadas informaciones, si en plena intrincada selva te entra la acuciante necesidad de descomer, ve muy alerta de no hacerlo cerca de un enjambre de furibundas avispas o de una colonia de hormigas carnívoras, porque en cosa de segundos puedes salir de allí con las nalgas dobladas de tamaño o sin ellas.
Se puede amar a la naturaleza, se puede amar a todas sus criaturas, pero es primordial sobre todo que te ames a ti mismo y hagas lo imposible para llegar a viejo.
Y finalmente, si eres sensato, regalón y cobarde, quédate cómodamente en tu casa bien repantigado en el sofá viendo documentales sobre África, una cerveza fría en una mano y la otra ocúpala acariciando a la mujer que has tenido la inmensa suerte de que te quiere.

 

UN SAMURÁI JOVEN OFENDIÓ A UN SAMURÁI VIEJO -LEYENDA- (MIS VIAJES ALREDEDOR DEL MUNDO)

samurai-viejo
En cierta época alejada de la nuestra, hubo un samurái llamado Daichi que, por las heroicas hazañas realizadas en los campos de batalla se convirtió en un héroe nacional, admirado por quienes reconocían sus grandes méritos como guerrero, y desprestigiado por la plaga de envidiosos que siempre crece a la sombra de los grandes hombres. Llegado a una edad avanzada, Daichi se retiró a un pequeño pueblo del interior donde llevaba una vida pacífica y sosegada, mientras escribía sus memorias para conocimiento de generaciones futuras.
Ávido de adquirir prestigio y fama, un joven samurái llamado Goro se presentó en el municipio donde vivía retirado el viejo Daichi, y aprovechando que la plaza principal se halla abarrotada de gente por estar todos celebrando la famosa Seijin ho hi (fiesta de los adultos, dedicada a los jóvenes que han cumplido veinte años de edad entre el dos de abril del año anterior y el uno de abril presente, o sea la mayoría de edad, en la que, entre otra multitud de personas, las familias de esos jóvenes lo celebran por todo lo alto).
Goro se acercó a Daichi y delante de toda aquella multitud comenzó a lanzarle los insultos más vejatorios que conocía. Entre estos insultos los que más podía herirle como: carcamal, cobarde y fantasma que vivía disfrutando de una gloria totalmente falsa.
Lógicamente, ellos dos se vieron rodeados inmediatamente del gentío allí presente, ansioso por presenciar como respondía a todos aquellos terribles ultrajes el gran héroe jubilado.
Daichi escuchó tan absolutamente impasible como si aquellos agravios no le fueran dedicados. Pronto, de la muchedumbre allí reunida se elevó un rumor de asombro e indignación y, entre los más jóvenes, de duda. ¿Tendría razón el joven y agresivo forastero en aquellas terribles y humillantes diatribas que lanzaba a Daichi? ¿Por qué no reaccionaba éste, como habría reaccionado cualquiera ante tan imperdonables agravios?
En vista de que el anciano no reaccionaba, se mantenía impertérrito, el agresivo Goro, envalentonado, desenvainó su catana y dispuesto a llevarla a cabo, lanzó la siguiente amenaza:
—Voy a cortarte la cabeza, viejo farsante inútil.
Leyendo Daichi en los ojos de su ofensor la disposición de llevar a cabo su amenaza, dio un paso atrás y finalmente, obrando en contra de su voluntad, saco su espada, la espada con la que tantas proezas había realizado a lo largo de su dilatada vida militar.
—Eso me gusta —dijo el impulsivo Goro—. Me gusta que no mueras como un cerdo y que intentes luchar contra mí.
Y tras escupir estas palabras se lanzó contra el viejo samurái que no solo detuvo la estocada que le lanzó Goro, sino que además su arma, al chocar con la del joven desafiante, no solo paró el golpe, sino que se la rompió por la mitad.
—Vamos a dejarlo aquí —dijo Daichi, con voz y expresión profundamente entristecidas.
Goro no se conformó con el papel tan ridículo al que había sido relegado y, con el pedazo de catana que le quedaba intento ensartar al viejo samurái. Si insultarle había sido el primer craso error cometido por él, el segundo, el de querer matarle fue todavía peor. El anciano samurái quiso pararle el golpe, pero su espada, que debido a tantas luchas en las que había tomado parte, poseía autonomía propia, se dirigió al corazón de su asaltante y lo atravesó. Horrorizado por lo que acababa de ocurrir, Daichi dejó caer la espada al suelo y se cubrió el rostro para ocultar las lágrimas de congoja que brotaban de sus ojos, mientras la multitud lo aclamaba y su fama se incrementaba todavía más sin él quererlo.