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COSAS DE ENAMORADOS (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Un parque oasis de verdor y calma dentro de una populosa ciudad. El cielo densamente nublado. Humedad en el aire todavía adormecido. Poca gente paseando. Una parejita camina sin prisa, acompasando sus pasos, destellos de embeleso en los ojos mutuamente presos.
Se detienen, cautivas las miradas.
—¿En que piensas? —quiere saber ella, coqueta.
—En darte mi paraguas —ofreciéndoselo él con pícara sonrisa.
—¿Por qué? —sin cogerlo.
—Por si quieres guarecerte de la lluvia de besos que voy a darte.
—El paraguas guárdatelo —burbujeándole a ella la risa en la garganta—. ¡Vamos! Quiero que esa lluvia de besos me empape toda.
Se abrazan y unen sus bocas incendiadas de amor y de pasión. El paraguas, a él, se le cae al suelo. Un vagabundo aprovechando que ambos jóvenes están ausentes de la realidad se lleva el paraguas. Él vive en otra realidad diferente a la de los dos enamorados: la realidad de su pobreza.
Un rato más tarde, cuando comienza a llover, el joven del paraguas se acuerda de él y se pregunta cómo es que ya no lo tiene más. Los dos jóvenes se toman de la mano y, riendo alocadamente, corren a guarecerse en una glorieta donde en verano, bandas de música dan conciertos. Y una vez allí siguen besándose. Nada alterará su ardiente pasión.
A varios cientos de metros de distancia de ellos, un vagabundo se protege de la lluvia que cae debajo de un paraguas que, muy recientemente, ha pasado a ser suyo.

LAS GLADIATRICES EN EL GRAN ESPECTÁCULO DE ROMA (CURIOSIDADES)


(Copyright Andrés Fornells)
Aunque generalmente sólo se suele hablar de los gladiadores de la antigua Roma, hubo también gladiadoras famosas por su fuerza, su valor, y no faltaron las que destacaron por su belleza y erotismo.
En el Museo Británico puede admirarse un bajorrelieve de dos de ellas que alcanzaron enorme prestigio en la arena del Coliseo: Achilia y Amazona.
Petronio, ese gran artista al que el desalmado Nerón forzó a suicidarse, menciona a una relevante gladiatrix, en El Satiricón su conocidísima obra literaria.
También existe información de que Domiciano, el hermano menor del emperador Tito (el verdugo de Jerusalén) organizó combates entre mujeres gladiadoras y entre mujeres gladiadoras y enanos. Y lo mismo hizo Nerón con esclavas y prisioneras etíopes.
Estas mujeres guerreras recibían durísimos entrenamientos a cargo de especialistas y, las que tenían padres gladiadores se entrenaban directamente con ellos. Y demostraban no tener miedo ni a la sangre ni a morir. Claro que, el número de ellas era muy reducido comparado con el de los hombres. La mayoría de estas mujeres luchadoras eran esclavas y prisioneras, aunque también entró alguna aristócrata amante de diversión, emociones fuertes o dinero. Y también, por el dinero que podían ganar, romanas de clase baja.
Por cuestiones prácticas solían, la mayoría de ellas, llevar el pelo corto igual que los hombres y no cubrían su cabeza con casco alguno. Y no faltaban las gladiatrices que, pretendiendo emular a las míticas amazonas, combatían con un pecho al descubierto.
Hubo propietarias de gladiadoras que se enriquecieron con su patrocinio, como la esposa de Decimo Junio Valente, organizando luchas a muerte.
El emperador Hostiliano presumió de ser el primero en organizar un gran espectáculo de gladiadoras reuniendo un total de quince en una misma sesión sobre la arena.
Las guerreras también lucharon contra algún hombre, al que obligaban a combatir con un brazo sujeto a la espalda.
Las mujeres, hijas o nietas de los senadores tenían prohibido ser gladiadoras, aunque alguna hubo que se saltó a la torea esta prohibición. Uno de los espectáculos de mayor éxito era el que ofrecían guerreras luchando contra enanos, de noche, a la luz de las antorchas.
En el año 200 d. C. el emperador Septimo Severo prohibió la lucha de mujeres en los espectáculos.
Curiosamente, el nombre de gladiadores tiene su origen en el arma Gladius, una espada corta de hoja recta similar a la que utilizaban los soldados romanos.
Hay discrepancia entre algunos historiadores sobre lo que sucedía en los enfrentamientos entre gladiadores, pues unos hablan de que morían muchos de ellos, y otros, que eran pocos los gladiadores que perdían su vida en los espectáculos en que tomaban parte.
Y finalmente un detalle que llama la atención, y es que los emperadores romanos, cuando condenaban a muerte a un gladiador, no apuntaban con dedo gordo hacia abajo, como nos han mostrado las películas de Hollywood, sino que apuntaban con el pulgar hacia arriba.

EL PEQUEÑO CIRCO MORALES TENÍA UNA ATRACCIÓN MUY DIVERTIDA (microrrelato)


(Copyright Andrés Fornells)
El circo Morales lo componían un matrimonio y dos hijos varones. Los cuatro iban de pueblo en pueblo ganándose honradamente, con su arte circense, el sustento. Cambiando todo el tiempo de disfraces hacían de payados, de lanzadores de cuchillos, de equilibristas, de tragasables y de magos sacando palomas de las chisteras que, de muy buena gana se habrían comido por lo mal que andaban económicamente. Pero el número que más divertía al respetable era el que realizaban con un burro, al que llamaban “Nerón”, vestían de gitana y paseándolo por delante del respetable le decían:
—Vamos, Nerón, escoge entre los espectadores a la chica más guapa de todas.
El animal recorría con la vista todo el medio círculo que formaban las gradas abarrotadas de espectadores, llegaba al final, retrocedía y deteniéndose delante de una joven hermosa comenzaba a enseñarle la lengua y a dedicarle parpadeos seductores, provocando con ello se desternillase de risa el respetable.
Después le ordenaban que buscase al hombre más feo de entre todos los asistentes, y el animal terminaba deteniéndose delante de uno que lo era en gran medida, y se ponía a rebuznar escandalosamente con lo cual la gente se reía más y mejor.
En un pueblo llamado Corraleja fue donde más y mejor se rio la gente pues Nerón escogió como el más feo de todos los espectadores al alcalde, quien, careciendo de todo sentido del humor, nunca más autorizó al pequeño circo Morales actuar en su municipio.
Escarmentados por este hecho, antes de permitirle a Nerón escoger al hombre más feo de los espectadores, preguntaban si entre los asistentes se hallaba el primer edil. Y si les respondían afirmativamente, solo permitían al asno hacer la elección de la chica más bella.

LE QUITARON LA VIDA A UN ÁRBOL (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
La llamaban la Colina del Pino, por un árbol de esta especie que era el único que continuaba vivo en aquella elevación de terreno y podía ser visto desde cualquier punto del pequeño pueblo de Corraleja.
Este hermoso árbol que, en los días claros recortaba su verde silueta contra el azul del cielo, fue sentenciado a muerte cuando un multimillonario decidió que, si construía una mansión allí en lo alto de aquella colina tendría una magnifica vista de la extensa y fértil vega y de la mar al fondo.
Entonces el hombre muy rico, que solo concedía valor a las cosas que él valoraba, compró la colina y ordenó a un leñador cortase el último árbol que allí existía.
—Córtelo de manera que su leña pueda servirnos para quemarla en la gran chimenea que construiremos en el salón. Desaprovechar lo que puede aprovecharse, es de estúpidos —sentenció el ricachón creyéndose muy sabio.
Con la desaparición de aquel árbol perdieron los caminantes el disfrute de la sombra que les regalaba los días de calor, los niños la diversión de trepar por sus ramas, una familia entera la ayuda económica que sacaba de sus piñas y un buen número de pájaros quedó sin hogar.
La población de Corraleja cuando la mansión estuvo terminada no experimentó admiración sino aborrecimiento hacia este lujoso edificio porque les había dejado sin el entrañable pino que habían contemplado sus ojos desde la niñez.
Cuando años más tarde la ostentosa mansión fue pasto de las llamas, alguien extendió por aquella región la leyenda de que la había destruido un rayo amigo del pino centenario, pretendiendo con ello vengar su muerte.

ÉL NO ERA UN HOMBRE COMO LOS DEMÁS (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Su aspecto y vestimenta no era diferente a la de cualquier joven de su época. Vestía con sencillez y no lucía su persona ostentación de joya alguna. No llamaba la atención de la gente voceando como un vendedor de baratijas. Hablaba reposado, en un tono cautivador. Las palabras que brotaban de la generosa fuente de sus labios eran tan sabias, tan prodigiosas, que sanaban a los enfermos que iban dirigidas.
La gente las escuchaba embelesada. La gente veía la infinita bondad que irradiaban sus ojos y creía, sin albergar la menor duda, cuánto les decía, y sentían mirándole, escuchándole y presenciando los milagros que realizaba que la bondad suprema existía en Él. Y por eso aceptaban que decía la verdad cuando Él aseguraba que era el hijo que Dios Padre enviado a la Tierra para redimirles de sus pecados y salvar las almas de los hombres que creyesen en Él y en su padre.
Pero fueron pasando los siglos, muchos hombres perdieron todo interés por la historia antigua y la despreciaron y olvidaron. La arrogancia, la ignorancia y la codicia se adueñó de ellos, y dejaron de reconocer que todos los hombres son hermanos, y por esa causa se destruyeron y siguen destruyéndose los unos a los otros. ¿Regresará para salvarles de nuevo, antes de que sea demasiado tarde, aquel hombre sencillo, milagrero, hijo de Dios Padre que ya les salvó una vez?

LEYENDA ANTIGUA ESCANDINAVA (VIAJES)


(Copyright Andrés Fornells)
Dice una leyenda muy antigua, que en la época en que el rey Gylfe reinaba en Suecia, llegó a visitarlo una mujer de rara hermosura. Se llamaba Gefjon, era diosa y vidente. Todas las mujeres que morían vírgenes eran enviadas a ella que las convertía en siervas suyas, pues Gefjon era diosa también de la virtud y de la fertilidad. Su esposo era el rey Skjöld, hijo de Odinn. Muchos legendarios reyes daneses alegaron ser descendientes de la diosa Gefjon.
El rey Gylfe fue seducido por la belleza de la diosa Gefjon y por la dulzura y armonía de su canto. Después que ella hubo permanecido durante varios días en Palacio, este monarca le preguntó qué deseaba que le ofreciera él en prueba de gratitud por el placer que le había procurado con su presencia y con su extraordinario canto.
Al parecer esta conversación tuvo lugar en una habitación de palacio mientras ambos personajes brindaban con copas llenas de hidromiel (una bebida alcohólica fermentada a base de agua y miel, tan antigua que ya era nombrada en los versos del Rig Vedá, compuestos 1.700 años a.C.)
En cierto momento de esta conversación la diosa Gefjon dijo:
—¡Oh ilustre señor!, grande es la fama de tu generosidad. Quiero pedirte una parte de tus tierras. Poca cosa. No temas que vaya a mutilar tu reino; quiero sólo el trozo que yo pueda labrar durante veinticuatro horas con la ayuda de cuatro bueyes.
El rey Gylfe contestó, demostrando que era justificada su fama de desprendido:
—¡Oh, diosa! Ciertamente es muy poco lo que me pides. Te lo concedo gustosamente.
Entonces la diosa Gefjon, que pertenecía a la familia de los Ases (dioses bienhechores escandinavos), mandó venir a cuatro hijos que ella había tenido de un gigante en el Iothunheim, cambió a estos hijos en bueyes; a continuación los unció a un colosal arado y marcó un surco alrededor del terreno que había elegido, un surco que fue tan profundo que toda la parte que rodeaba este surco fue separada del continente. Entonces la diosa unció sus bueyes a este trozo de tierra y los aguijó de modo que la arrastrasen hasta el mar. Una vez que estuvieron en la orilla, los sumergió en el agua y los llevó hasta meter el trozo de tierra en el Øresund. Y así fue como nació la isla Danesa de Selandia.
Esta leyenda es conmemorada por la Fuente Gefjon de bronce en Copenhague, esculpida por Anders Bundgaard en 1908, y podéis admirarla en el centro de la plaza que rodea el Palacio Real Amalienborg, una maravilla arquitectónica que no debe perderse nadie que visite Dinamarca.

¿ESTÁS SOLA ESTA NOCHE? (MI NUEVA NOVELA E-BOOK)


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¿ESTÁS SOLA ESTA NOCHE? (Sinopsis)
Laura, casada con un hombre abúlico, aburrido y carente de sensualidad, cuyos principales intereses en su vida son: el trabajo, su equipo de fútbol favorito, y su dominante madre a la que adora, lleva una existencia totalmente anodina y rutinaria. Laura, mujer educada en el catolicismo, sigue manteniendo en su matrimonio los estrictos principios cristianos de la fidelidad.
Pasa de los cuarenta años cuando por azar, un día de intensa lluvia conoce a Germán, un aventurero al que le acerca, en un principio, la pasión que ambos sienten por las canciones de Elvis Presley. El hecho de que los dos están casados no evita que surja entre ellos una pasión arrolladora, dominante, sublime, que desconocían hasta entonces y que les lleva a enfrentarse al dramático dilema de: escoger la senda del maravilloso amor conocido por primera vez, o la senda de sacrificar ese amor para no destrozar a sus respectivas familias.
NOVELAS GALARDONADAS DE ANDRÉS FORNELLS.
“Riqueza, amor y muerte” (accésit III Premio Wilkie Collins de Novela Negra), “Tres amantes y un revólver” (ganadora del I premio de novela NQP”, “Los placeres de la hija del embajador” (ganadora del II Premio Incontinentes de novela erótica), “El seductor y la rica heredera” (finalista del premio de novela Ciudad de Almería 2.009), “El pueblo de los milagros” (finalista del premio internacional de novela Territorio de la Mancha 2.006 –Miami—).

QUERÍA AVERIGUAR EL MISTERIO DE LA VIDA (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Marcelino había sido un niño normal hasta que en el colegió le enseñaron a leer, pues a partir de haber adquirido este conocimiento todo su interés lo centró en los libros. Los leía a todas horas y en cualquier parte. Sus padres y educadores llegaron a considerarlo una obsesión perjudicial para su salud y le escondían todos los libros que llegaban a su poder. Para poder continuar leyendo, en cuanto podía, aquel niño insaciable lector se metía en la Biblioteca Municipal y devoraba un par de libros diarios.
La bibliotecaria, señora Asunción Perales, comentaba llena de asombro:
—Es un niño al que nunca puedes arrancarle una sola palabra que no sea: Hola y Adiós. Al ritmo que va, antes de transcurridos diez años se habrá leído todos los libros que contiene nuestra humilde biblioteca.
Y no se equivocó en su juicio. Cuando Marcelino alcanzó la edad de quince años leyó el último libro existente en la biblioteca y dijo dando muestras de una profunda decepción:
—No voy a leer ni un solo libro más. No he conseguido, con tanta lectura, desentrañar el extraordinario misterio que encierra la vida.
Y para asombro de cuantos le conocían, aquel, hasta entonces insaciable lector, no volvió a leer un solo libro más. Pero lo que ya llevó al paroxismo del asombro a todo el mundo que le conocía fue el prodigio de haber creado él solito, en el sótano de su casa una nave espacial con la que salió volando y se perdió en el cielo.
Los más fantasiosos y optimistas aventuraron que, finalmente Marcelino se había salido con la suya, había conseguido descubrir el misterio de la vida, y se lo había guardado para él, cometiendo con ello la imperdonable crueldad de que los demás seres humanos no pudiesen disfrutar de ese extraordinario descubrimiento suyo.
Un científico amigo me ha asegurado que el misterio de la vida se descubrió hace millones de años, cuando se unieron los órganos sexuales de un macho y de una hembra.

GEISHAS, DONCELLAS DEL AMOR CON ROSTROS DE PORCELANA (I) -VIAJES-


(Copyright Andrés Fornells)
La palabra geisha proviene de los fonemas chinos “Gei” que quiere decir arte habilidad, y “Sha” que significa persona. Y eso es lo que representan las geishas: personas con habilidad en diferentes artes. El kimono que llevan se lo hacen a me-dida, y las más prestigiosas geishas poseen una variada colección de kimonos para distintas ocasiones y estaciones del año.
Las geishas modernas siguen viviendo en los okiya (casas de geishas) aunque las mas experimentadas prefieren vivir en sus propios apartamentos. La elegante y alta cultura en que viven las geishas se llama Karyukai (mundo de las flores y los sauces). Los instrumentos que tocas las geishas son el shakuhachi (flauta de bam-bú) taiko (tambor), dominan las canciones tradicionales, el baile japonés clásico, el sado (ceremonia japonés del té) el kebaha (arreglos florales), la literatura y la poesía, añadiendo a lo anterior el exquisito arte de tratar y entretener a los clien-tes.
Actualmente, Kioto mantiene todavía una fuerte tradición de geishas. Dos de sus más prestigiosos y tradicionales distritos de geishas son Gion y Pontocho. Las geishas nunca incluyen actividad sexual en sus actuaciones, aunque pueden algu-nas de ellas practicar sexo con algún cliente.
Fue tradicional para las geishas tener un donna (protector) que era un hom-bre adinerado, casado a veces y con recursos para financiar los costes del costoso entrenamiento tradicional de las geishas. Era muy habitual, especialmente tiempo atrás, que un donna comprase la virginidad de una geisha muy joven y la mantu-viera como amante hasta cansarse de ella.
Las futuras geishas estudian todo el día para pasar de oshakus (doncellas) a geishas. La disminución de geishas ha sido considerable en los últimos cien años. Se calcula que ha descendido alrededor de un 70 %.
Quienes mantienen al pie de la letra la tradición calculan el compromiso de servicio de una geisha, el tiempo que tarda en consumirse una varita de incienso.
Mucha gente fuera de Japón, sobre todo, cree que las geishas son prostitutas, y ello es debido a que chicas que sí son prostitutas se hacen pasar por geishas aprovechándose así del prestigio que mantienen estas tradicionales artistas del entretenimiento.
Tradicionalmente, las geishas permanecen solteras y suelen retirarse cuando se casan, aunque no se retiran si tienen hijos mientras ejercen su profesión.
Sus antecesoras fueron las odoriko, bailarinas de profesión. Y si nos remon-tamos muchos más años atrás llegamos las kabuki odori (bailarines de los teatro ambulantes). Estas bailarinas ya ataviadas con bellos kimonos de seda, se encar-gaban de bailar ante los samuráis, de realizar la ceremonia del té, servirles sake, y de tocar el shamisen (instrumento de cuerda, parecido a la guitarra, pero de tres cuerdas, y con un sonido muy melódico), este baile era conocido como Okuni. La gran mayoría de las kabuki odori eran en realidad hombres.
En el año 1779, las geishas fueron reconocidas como artistas protegiéndolas así de que cayeran en la prostitución. Pues la geishas sólo se encargaban de dis-traer a los hombres, con amenas conversaciones, con danza, o tocando el shami-sen, sin que entrara en ello el acto sexual. Las geishas y maikos que bailaban se denominaban tachikata, y las que se dedicaban a tocar un instrumento, jikata. Las geishas y maikos, contaban con un pacto de silencio, por lo que cualquier hombre podía estar tranquilo con respecto a que ellas guardarían para ellas cuanto se di-jera en su presencia.
En épocas pasadas las niñas eran vendidas a las okiyas, casas donde vivían todas las geishas, bajo la tutela de una geisha anciana (okami-san), a la que llama-ban okaasan (madre). La niña vendida contraía una deuda con su compradora, que devolvería con el dinero que le pagaran los hombres que solicitaran sus aten-ciones. Durante su etapa de aprendizaje la futura geisha era llamada shikomi y realizaba tareas de servicio, y recibían clases de canto, baile, modales, ikebana, ceremonia del té, shodô, y además asistían al colegio para que adquirieran una importante educación.
Después de la II Guerra Mundial fue prohibida la venta de las niñas a las okiyas. Hoy en día, las geishas y maikos que existen en Japón son por decisión propia, por su deseo de mantener viva esta tradición y son muy libres de mantener o no relaciones sexuales, así de tener un danna (amante).

LA COMPASIVA PURI (MICRORRELATO)


(Copyright Andrés Fornells)
Durante mi dorada época de Instituto. La he calificada de dorada porque fue un tiempo extraordinario para mí, pues me permitió descubrir y leer a grandes escritores, mantener con los compañeros apasionadas discusiones sobre mil temas diferentes, experimentar enamoramientos tan súbitos como explosivos, y desengaños inesperados y “desgarradores”.
En nuestro primer curso, Alonso, mi mejor amigo, y yo nos enamoramos de la misma chica: Puri Gómez. Puri Gómez poseía una risa tan musical y voluptuosa, que por el placer de escucharla, Alonso y yo realizábamos estupideces tan notables como caminar cabeza abajo, detener el tráfico para que cruzase la calle un perro asustado, o escribir en la pizarra de clase: “Por un beso de Puri Gómez me estaría saltando a la comba un día entero”. “Si Puri Gómez me lo ordenase, yo me casaría con la profesora de lengua”. Este último escrito consiguió que el aula entera se tronchase de risa, pues la profesora mencionada era más fea que Frankenstein con peluca gris. La profesora, que se llamaba Encarna Montesinos, debió sospechar que esto lo había escrito Roberto, el tío más guapo de la clase, pues le ordenó borrarlo y el resto del curso le hizo la vida imposible.
Mi amigo Alonso era muy temperamental. Un día a la salida del instituto suplicó a Puri que el domingo por la mañana fuese a verle jugar al futbol. Él jugaba de extre-mo para el Caja Palmira y le prometió hacer un gol y dedicárselo. Ella le dijo que no iría a verle jugar, pues se había comprometido conmigo en ir ambos a la granja de mi tío Anselmo donde yo le enseñaría los preciosos conejitos blancos que tenía este gran-jero pariente mío.
Alonso cogió una de sus estúpidas rabietas y le dio un puntapié al tronco de un olmo que ambos tenían cerca, y se rompió el pie.
Yo fui uno más de los que le llamamos estúpido por haber realizado tan estúpida acción. Tuve que tragarme mis palabras. Compadecida de él, Puri le acompañaba todas las tardes.
Cometí con él una injusticia debido a la envidia que me corroía por dentro, y que fue pregonar que Alonso se había roto el pie expresamente para conquistar a Puri con el infalible truco de la compasión.
Cuando a Alonso le quitaron la escayola y comenzó a usar su pie, Puri empezó a salir con Roberto, el guaperas que no tragaba la señorita Encarna, profesora de lengua. Y mi amigo me comentó un día, con infinita amargura:
—La muy estrecha de Puri a mí nunca me dejó besarla en la boca ni siquiera en el oscuro portal de mi casa, y con ese imbécil de Roberto se besa en la boca hasta en lugares donde todo el mundo puede verlos.
Al final del curso, Puri y Roberto habían roto. No nos importó. Tanto a Alonso como a mí, Puri había dejado de interesarnos. El mor duradero, ambos tardaríamos aún bastante tiempo en conocerlo.